Entrar Via

Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1734

Lunes.

Gilda dormía profundamente cuando sintió que alguien le acariciaba la mejilla.

Atrapó la muñeca del intruso en un reflejo rápido y abrió los ojos despacio.

¿Héctor?

—Me tengo que ir al aeropuerto ahora —dijo él. Tenía ambas manos apoyadas en el colchón y la miraba con ternura.

—¿Ahora?

Gilda miró la hora: las cinco de la mañana.

—Sí —Héctor asintió—. Anoche me mandaron un aviso de que cambiaron el vuelo, pero no quise despertarte.

Gilda se quedó mirándolo, sin saber qué decir.

Su plan original era llevarlo al aeropuerto.

—Ya le dejé instrucciones claras a Dalia. Te va a estar vigilando para que comas a tus horas. Si bajas aunque sea medio kilo, me las va a pagar —Héctor se inclinó y le dio un beso en la frente.

—¿Acaso Dalia te debía dinero en su vida pasada? —bromeó Gilda, sacudiendo la cabeza.

—No —sonrió él—. Pero en esta vida le he comprado su lealtad bastante bien.

Para asegurarse de que mantuviera vigilada a Gilda, le había regalado un purificador de aire de última generación a la asistente. Dalia se había hecho la difícil diciendo que no podía aceptarlo, pero por la forma en que lo abrazaba, se notaba que la sonrisa no le cabía en la cara.

Héctor continuó:

—Te dejé el desayuno listo en el refrigerador. Cuando te levantes, solo tienes que calentarlo en el microondas.

Gilda apretó los labios.

—Si te vas a las cinco, ¿a qué hora te levantaste a cocinar?

—De todos modos no podía dormir —él le dedicó una media sonrisa—. También preparé unas empanaditas. Si te da antojo, solo ponlas al vapor. Si te da pereza, dile a Dalia que lo haga por ti, seguro le encantará hacerlo.

Gilda lo miró en silencio. Sentía un nudo en la garganta que no la dejaba hablar.

—Ya casi es hora, me tengo que ir —Héctor le revolvió el cabello con cariño—. Sigue durmiendo. Te traeré un regalo cuando vuelva.

—Clic—.

No fue hasta que escuchó el sonido de la puerta cerrándose que Gilda volvió a la realidad. Ya no había rastro de él en la habitación.

El departamento se sumió en un silencio abrumador. Estaba tan callado que solo se escuchaba el viento golpeando las ventanas.

Sintió como si le hubieran arrancado algo del pecho; una sensación de vacío la dejó flotando, sin saber dónde aferrarse.

Desde que Héctor había empezado a ir al estudio, lo veía todos los días.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector