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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 238

Aldana se quedó ligeramente sorprendida. ¿Ese tipo quería volver a Nuboria?

De ser así, ¿todo su esfuerzo anterior se iría por el desagüe?

Se había desvivido por encontrar el paradero de J Piloto, temiendo que compitiera y le arrebatara el campeonato. ¿Y ahora renunciaba a todo tan fácilmente?

Aldana frunció el ceño. Realmente no lo entendía.

Ayer, de la nada, le había dicho que se parecía a su hermana.

Tsk, Aldana arrojó una botella de agua a la basura. El sonido seco la hizo reaccionar.

Wilfredo le había encargado a Syndicate Zero investigar dos cosas, y una de ellas era encontrar a su familia, ¿no?

Al pensar en eso, Aldana trató de recordar los rasgos de Wilfredo. No se parecía en nada a Leonardo, ¿o sí?

A las nueve de la mañana, sonó el timbre que anunciaba el fin de la clase.

Los estudiantes aprovecharon el descanso para abrir ansiosamente la transmisión en vivo de la carrera de F1.

—¡Solo falta media hora! ¿En qué carril está nuestro equipo de Nuboria?

—Qué lástima. Si J Piloto estuviera aquí, ninguno de esos tipos le llegaría ni a los talones.

—Durante los tres años que J Piloto compitió, los índices de audiencia fueron los más altos de la historia. Los pilotos de Nuboria podían ir a cualquier país y ser recibidos como reyes.

—Es una pena. ¿Por qué se retiró de repente?

—Se rumorea que tuvo un accidente y murió —susurró alguien, esparciendo el chisme.

—¡No digas mamadas! —Galileo, siendo un fanático acérrimo de J Piloto, se levantó de un salto y soltó una maldición, visiblemente alterado—. No le desees mala suerte a mi ídolo. ¡Seguro que está perfectamente bien!

—Si está tan bien, ¿por qué no compite?

El chico balbuceó, quejándose:

—¿No que es muy patriota? ¿Acaso no sabe que si perdemos esta carrera, Nuboria podría no tener derecho a competir en la F1 el próximo año, o quizás nunca más?

Galileo se quedó sin palabras, con los ojos enrojecidos.

Era verdad. Él tampoco entendía por qué. Pero estaba convencido de que J Piloto debía tener sus razones.

—Alda, ¿crees que vamos a perder esta vez?

Galileo miró a Aldana, que estaba comiendo un dulce, y le preguntó en voz baja.

Se decía que el piloto seleccionado para esta carrera era bastante bueno, pero en comparación con los demás, todavía había una gran diferencia de nivel. ¿No sería que se asustó y desertó en el último momento?

Mirando la pista vacía, Aldana frunció el ceño. Justo cuando iba a preguntarle a Iñigo, su teléfono sonó.

—Diga.

Aldana deslizó el dedo para contestar.

—¡Alda, malas noticias, Héctor tuvo un accidente! —la voz de Iñigo temblaba violentamente—. Un imprevisto, tiene ambas piernas rotas. La carrera, me temo que…

Al instante siguiente, la transmisión en vivo mostró la llegada de una ambulancia a la escena.

—¿Qué? ¿Héctor se rompió las piernas? ¿Cómo va a competir ahora?

—Nuboria solo lo tiene a él compitiendo. Si está herido así, ¿tendrán que retirarse?

—¿Retirarse?

—¡Se acabó! Héctor es el mejor que tenemos. Poner a otro no serviría de nada.

—A menos que… J Piloto compita en persona.

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