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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1502

—¿Cómo que fue a buscarla? —preguntó Silvia, consternada.

—A Félix. —Casiana se recargó contra la pared, sintiendo un frío gélido calándole hasta los huesos. Su voz era un susurro roto—. Recibió una llamada de Fabiola y salió corriendo tras ella.

Estaba enfermo, tan débil que apenas se sostenía en pie, pero bastó con escuchar que Fabiola había vuelto para salir corriendo como si le fuera la vida en ello.

Si eso no era amor, ¿entonces qué era?

—Cari… —Casiana alzó la vista hacia el techo, pero las lágrimas no dejaban de brotar. Sollozó—. Yo de verdad creí que Félix se había enamorado de mí, que mis sentimientos por fin eran correspondidos. Ahora me doy cuenta de que solo soy un premio de consolación. Siempre he sido la última opción de todos.

—Hay tan pocas personas en este mundo que me quieran de verdad.

Se limpió las lágrimas, sintiéndose pequeña y sola en el universo.

—Tal vez… ni siquiera llego a ser una segunda opción.

Era un chiste andante.

Quince años de amor reducidos a un espejismo absurdo.

Ya era hora de despertar.

***

Tres de la mañana.

Félix, arrastrando su cuerpo debilitado, regresó a casa.

La luz de la sala seguía encendida.

Caminó de puntillas hacia la habitación principal y empujó la puerta solo un poco, asomándose por la rendija.

Vio un bulto bajo las sábanas de la cama.

Para no despertarla, decidió no entrar y se dirigió a la habitación de invitados.

Al instante en que cerró la puerta.

Casiana abrió lentamente los ojos en la oscuridad. Su rostro estaba empapado en lágrimas.

En la habitación de invitados.

Al encender la luz, una bolita peluda acurrucada en medio de la cama grande levantó la cabeza de golpe.

—¡Miau!

Al ver que no era su mamá, la gatita se erizó por completo. Retrocedió unos pasos, mostrándole los colmillos con actitud feroz.

«…»

Félix se quitó el abrigo, lo colgó de cualquier manera en el perchero y se acercó a paso lento hacia la cama.

Con dos dedos, levantó a la asustadiza gatita y la dejó sobre la palma de su mano izquierda.

—¡Miau!

Pequeñita quiso morderlo, pero entonces recordó las sabias palabras de su mamá.

«Gato que vive de arrimado, no debe buscar pleito».

Así que escondió los colmillos y volvió a su postura sumisa.

—¿Tú eres la Pequeñita de la que tanto habla Casiana? —Félix le dio un suave toquecito en la cabeza y esbozó una leve sonrisa—. A partir de hoy, ya no te llamarás así.

Capítulo 1502 1

Capítulo 1502 2

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