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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 189

Magdalena giró la cabeza para mirar a Santiago. Él apretó aún más la cámara contra su pecho, un gesto que inmediatamente la hizo comprender. ¿A qué había venido él a un lugar como este?

Siempre se quejaba de los gastos de transporte y pedía reembolsos en el trabajo, así que dudaba mucho que hubiera venido a gastar su propio dinero.

Apoyándolo por los hombros para ayudarlo a darse la vuelta, ella le susurró al oído.

—¿Cómo terminaste ofendiéndolos?

Santiago sacó la cámara de su chaqueta e hizo un gesto disimulado con la boca hacia el hombre en el sofá.

—La Directora Julia me ordenó entrevistarlo... Lo seguí a escondidas hasta aquí, le tomé unas cuantas fotos y me descubrieron.

Magdalena lo fulminó con la mirada.

—¿Y en vez de llamar a la policía, me llamas a mí para que sirva de escudo humano?

Él se rascó la nuca avergonzado.

—Se nota a kilómetros que esta gente es peligrosa. Los policías de hoy en día solo protegen a los poderosos. ¿No eres la hija de la familia Sarmiento? Pensé que seguro tendrías contactos para arreglar esto.

Al terminar, soltó una risita nerviosa, lo cual le provocó un fuerte dolor en la comisura del labio partido y lo hizo soltar un quejido.

Magdalena pensó que se lo merecía por idiota. Le arrebató la cámara y sacó el rollo de película. Santiago, al ver que iba a entregarlo, entró en pánico y la agarró del brazo.

—Si se los das, ¡la paliza que me dieron habrá sido en vano!

Magdalena le lanzó otra mirada asesina. Esos hombres frente a ellos parecían demonios sedientos de sangre, ¿acaso no era obvio que lo principal ahora era salir vivos de ahí?

Se zafó del agarre de Santiago, se dio la vuelta y le entregó el rollo al guardaespaldas.

—¿Ya podemos irnos?

Santiago se tocó la herida del labio, viendo con puro sufrimiento cómo el guardaespaldas destrozaba la película. Le dolía más en el alma que en el cuerpo.

El hombre sentado en el sofá encendió un puro. Su perfil parecía una obra de arte esculpida con una navaja afilada. Posó la mirada en Magdalena y sus labios se curvaron en una sonrisa perversa.

—¿Creen que pueden irse tan fácil?

Su tono era calmado y pausado. Aunque no parecía enojado, transmitía un aura escalofriante que ponía los pelos de punta.

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