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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 334

El grupo del Presidente Benítez estaba inmerso en un juego de mesa de hombres contra mujeres: el equipo que perdiera tenía que tomar o quitarse una prenda de ropa.

Ese tipo de entretenimiento vulgar era algo bastante habitual en aquellos lugares, por lo que todos parecían estar pasándolo de maravilla.

Al notar que Renato seguía sentado allí solo, el Presidente Benítez lo invitó a unirse. Él dio una última mirada a su celular y decidió entrar al juego.

Como no tenía acompañante, el Presidente Benítez llamó a un mesero.

—Tráeme a las chicas más lindas que tengan y que el Presidente Jiménez elija a una.

Renato encendió un cigarrillo, le dio una calada y exhaló el humo lentamente.

—No hace falta. Esa que está a tu izquierda servirá.

El Presidente Benítez estaba acompañado por dos mujeres; con una estaba jugando y la otra solo se encargaba de servirle los tragos.

Renato había pedido justamente a la que no estaba haciendo nada más que servir bebida.

Si el Presidente Jiménez la pedía personalmente, el Presidente Benítez estaba más que encantado de cederla. Le dio una palmada en la cintura a la chica.

—¿Qué esperas? Ve con él.

La joven se acercó y se sentó junto a Renato. Tenía la intención de recostarse en su pecho, al igual que las otras mujeres con sus respectivos clientes, pero al notar su expresión fría y distante, no se atrevió a acercarse demasiado. Reprimió su emoción y se sentó a una distancia respetuosa.

En la segunda ronda, el grupo de Renato perdió. Al ver que él no reaccionaba, la chica se dispuso a quitarse el pequeño chal de encaje que llevaba puesto. Pero antes de que pudiera hacerlo, Renato tomó su vaso y lo vació de un solo trago, pasando de inmediato a la siguiente ronda.

La mujer lo miró con agradecimiento.

—Gracias, Presidente Jiménez.

Su rostro permaneció inexpresivo. No le dedicó ni una sola mirada. Volvió a sacar su celular y vio que tenía un mensaje nuevo, pero resultó ser solo publicidad engañosa.

Cuando el juego terminó, Renato ya había bebido bastante. El Presidente Benítez estaba bastante borracho y su acompañante se había quedado solo en sostén. En toda la sala, la única mujer que seguía completamente vestida era la que acompañaba a Renato.

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