El silencio de la noche envolvía la ciudad, dejando en el aire una atmósfera cargada de ambigüedad.
Sobre el suelo liso descansaban, esparcidos en un completo desorden, la camisa y los pantalones de vestir de un hombre, junto con el vestido y la ropa interior de una mujer.
[...]
Al día siguiente, Magdalena se paró frente al lavamanos. Al encontrarse con su propio reflejo en el espejo, maldijo internamente a Renato Jiménez por milésima vez.
Se abotonó la camisa hasta el cuello y se soltó el cabello, que antes llevaba recogido en una cola de caballo, para ocultar las marcas rojizas que asomaban por el costado de su cuello.
Cuando bajó las escaleras, Renato ya estaba en el comedor desayunando. Al verla llegar, Olga la saludó con un cálido —Señorita Sarmiento —, y procedió a servirle su desayuno en la mesa.
Renato dejó su vaso de leche y levantó la mirada, topándose de lleno con el resentimiento en los ojos de ella. Él frunció levemente el ceño, pero al notar que llevaba el cabello suelto, lo comprendió todo.
—¿No habías pedido tres días de descanso?
Había solicitado esos días libres por su compromiso matrimonial, pero como la noche anterior el mismo hombre que ahora estaba sentado frente a ella se había encargado de arruinarlo y cancelarlo, las vacaciones habían sido en vano.
Renato dobló el periódico que tenía entre las manos y lo dejó sobre la mesa.
—Dile a Wendy que cancele tu permiso.
Magdalena dejó el pan tostado que estaba a punto de comer y estiró el brazo para tomar el periódico. El titular de primera plana resaltaba en letras grandes: "A causa de la crisis que enfrenta el Consorcio Vargas, la ceremonia de compromiso con la heredera de la Corporación Sarmiento ha sido cancelada abruptamente".
Acompañando la noticia, había fotografías de Andrés Vargas saliendo del hotel la noche anterior, y también de Lázaro Guzmán. Ambos aparecían rodeados por una multitud de reporteros; Andrés mostraba un rostro lleno de ansiedad y frustración, mientras que Lázaro mantenía una expresión severa y sombría.
Ella cerró el periódico y lo hizo a un lado.
—Quiero descansar unos días.
Renato esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos.

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