—Olga —Renato la interrumpió de golpe. Su rostro se mantuvo inexpresivo mientras le tendía el termómetro a Magdalena—. Es hora de tomarle la temperatura.
Olga asintió, tomó el termómetro y se lo dio a Magdalena. Ella desabrochó los dos primeros botones de su pijama y se lo colocó debajo del brazo.
Renato volvió a sentarse en el sofá. Llevaba una camisa ligera con cuello en V que dejaba a la vista su clavícula. Comenzó a comer con movimientos pausados y llenos de elegancia.
Olga se sentó al borde de la cama, esperando a que pasara el tiempo del termómetro. Como mujer mayor, no pudo evitar reprenderla con cariño.
—Joven señora, sin importar qué pase, tiene que cuidar de su cuerpo. Anoche llovía a cántaros y, estando embarazada, ¿cómo se le ocurre empaparse de esa manera?
—Ayer mi celular se quedó sin batería y no pude llamar a nadie, así que no tuve más opción que regresar bajo la lluvia —Magdalena se apoyó en la almohada. Aunque hablaba con Olga, por el rabillo del ojo observaba al hombre en el sofá.
Olga no dudó de su explicación, pero preguntó de repente.
—¿Y qué son esas quemaduras que tiene en el cuerpo?
Ella misma se encargaba de preparar la temperatura del agua para bañarse, ¿cómo podía tener quemaduras tan grandes en la piel?
Magdalena cambió rápidamente de tema.
—Olga, tengo sed, ¿puedes traerme un vaso de agua?
Olga asintió de inmediato y bajó con el vaso vacío. Regresó a los dos minutos con un vaso de agua tibia.
Magdalena lo tomó, dio las gracias y bebió unos sorbos. Olga siguió dándole consejos sobre cómo las mujeres debían cuidar de su salud, olvidándose por completo del asunto de las quemaduras.
Renato apenas comió un par de bocados antes de dejar los cubiertos. Se acercó a la cama y miró a Magdalena.
—Ya es tiempo.
Magdalena sacó el termómetro y se lo entregó. Él lo revisó.
—Treinta y ocho con dos. Sigues con fiebre —miró a Olga y le ordenó—. Vuelve a frotarle el cuerpo para bajar la temperatura.
Olga fue por los paños. Renato tomó su computadora y unos documentos, dispuesto a ir a su estudio. Antes de salir, se detuvo un segundo en la puerta.

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