Conteniendo la furia que le ardía por dentro, forzó una sonrisa, aunque sus palabras salieron entre dientes.
—Si no es mucha molestia, Presidente Jiménez, le agradecería que me llevara. Se me hace tarde para el trabajo y es difícil conseguir un taxi por aquí.
[...]
A petición de Magdalena, el auto se detuvo a un par de cuadras del Grupo Centauro. Caminó el resto del trayecto hasta la empresa y lo primero que hizo fue buscar a Wendy para cancelar su permiso.
Wendy no pareció sorprendida en lo absoluto al verla llegar; se limitó a responder con un simple: "Claro, no hay problema". Actuaba con tanta naturalidad que parecía que ya sabía que volvería a trabajar.
A Magdalena le resultó extraño. ¿Acaso Renato ya le había avisado?
La realidad era que, el día que ella pidió el permiso, Wendy le llevó unos documentos urgentes a la oficina de Renato y aprovechó para mencionarle, como quien no quiere la cosa: "Magdalena Sarmiento se va a comprometer, pidió tres días libres".
Su intención era tantear la reacción del presidente. Desde que Magdalena había llegado a su vida, Renato no había tenido ojos para ninguna otra mujer.
Pero él ni siquiera levantó la vista de sus papeles y respondió con indiferencia: "No es necesario informarlo a Recursos Humanos".
Wendy se había quedado atónita. Ni siquiera a ella o a Camilo les pasaba por alto una inasistencia, pero Magdalena recibía un trato especial.
Sin embargo, al verla llegar ese día para cancelar el permiso, Wendy por fin entendió que todo había sido parte de los planes del presidente.
Al mediodía, Magdalena estaba en uno de los cubículos del baño cuando escuchó a unas compañeras murmurando afuera. Entre el ruido del agua del lavamanos, resonaban comentarios cargados de burla.
—Y ella que de verdad creía que iba a casarse con la familia Vargas y convertirse en una señora de la alta sociedad. Resultó ser pura ilusión.
Otra voz suspiró con evidente envidia.

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