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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 348

Miró por la ventanilla del auto; la plaza bullía con una multitud de personas, llena de un ambiente alegre y bullicioso. En el imponente rascacielos de enfrente, una pantalla gigante reproducía anuncios sobre los nuevos proyectos de la ciudad.

Ladeó la cabeza y lo miró.

—Entonces, ¿a qué venimos aquí?

Renato Jiménez se inclinó para desabrocharle el cinturón de seguridad.

—Primero, sal del auto.

Magdalena Sarmiento obedeció, salió del vehículo y se quedó esperando al borde de la plaza. Renato estacionó el auto en un espacio temporal, se bajó y caminó hacia ella.

Eran casi las siete de la noche y el crepúsculo ya caía. Magdalena lo observó acercarse; a sus espaldas brillaban las luces de neón, dándole un aire casi irreal, como si fuera una ilusión.

A medida que se acercaba, su rostro apuesto, el puente recto de su nariz y sus labios de tono fresco y suave se volvieron más nítidos.

Renato se detuvo frente a ella. Sus ojos oscuros y expresivos la contemplaron en silencio, con una mirada rebosante de ternura.

—Magda, tengamos una cita.

Al principio, Magdalena se centró en la última frase, sin percatarse de que él la había llamado "Magda".

Se quedó un poco sorprendida y luego sonrió.

—¿Pero no estamos casados ya?

—El matrimonio es una cosa —dijo Renato, acomodándole un mechón de cabello detrás de la oreja; su rostro severo se había suavizado bastante—. Lo que Lázaro Guzmán podía darte en el pasado, yo también puedo dártelo. Y lo que él no pueda darte en el futuro, yo te lo daré de todos modos.

Al ver su expresión de completa seriedad, y dándose cuenta de que él esperaba una respuesta, esbozó una sonrisa. Sus ojos oscuros brillaban intensamente, como si contuvieran todas las estrellas de una noche de verano.

—De acuerdo.

Renato le tomó la mano, su pulgar se posó justo sobre el anillo de ella, acariciándolo con suavidad, y luego entrelazó sus dedos con los suyos.

Magdalena sintió que había algo en la mano de él. Al levantarla para mirar, vio que él también llevaba un anillo de bodas en el dedo anular.

—Tú...

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