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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 364

Al dar la vuelta a la esquina, vio a Bianca hablando por teléfono. Se quedó helada por un instante, y Bianca también la miró. Magdalena le dio una sonrisa incómoda e intentó darse la vuelta, pero Bianca apartó el celular de su oreja:

—Tenemos que hablar.

Apenas terminó de hablar, Magdalena respondió:

—Tú y yo no tenemos nada de qué hablar.

Bianca miró su espalda y su tono se volvió ansioso:

—¿Acaso no quieres saber qué relación tengo con él?

Ella detuvo ligeramente su paso, de espaldas a Bianca:

—Son conocidos de la universidad, eso es todo.

Bianca se sorprendió. Renato de verdad la trataba diferente si le había explicado eso:

—¿Y te habló de su exnovia?

El tono de Magdalena se mantuvo sereno:

—Alguien sin importancia. No necesito saber nada.

—¿Sin importancia? —Bianca soltó una carcajada cargada de sarcasmo—. ¿Alguien sin importancia lo llevaría a perder la cabeza durante seis años? ¿Lo llevaría a buscar su reflejo en cada mujer que metía a su cama?

La seguridad de Magdalena desapareció por completo y su rostro se quedó lívido.

Renato no parecía ser alguien movido por el deseo, pero solía cambiar de amante cada tres meses. Eso era una verdadera locura.

Resultaba que su comportamiento no era como el de Andrés Vargas, que simplemente era un mujeriego empedernido. Renato lo hacía porque esa mujer lo había dejado destrozado.

Él le había contado que tuvo una novia en la universidad, pero nunca le dio detalles.

Ni siquiera conocía el nombre de la chica. Sin embargo, frente a otra mujer, no podía mostrar debilidad alguna, para evitar darle la oportunidad a alguien con malas intenciones de aprovecharse.

Se dio la vuelta para mirar a Bianca:

—En realidad, lo que a ti te urge saber es qué soy yo para él, ¿no?

—Porque...

Bianca no supo qué responder. Renato y Fabiola eran la pareja dorada de la escuela; todos sabían que tenían una relación perfecta.

Por alguna razón, Fabiola había desaparecido de repente. Él quedó destrozado, convertido en una sombra de lo que era. Desde entonces no había tenido otra novia, solo compañeras de cama.

Pero habían pasado seis años, y ni ella estaba segura de si los sentimientos de él hacia Fabiola habían cambiado durante todo ese tiempo.

Al notar la expresión cambiante de Bianca, Magdalena le dio el golpe final:

—El hecho es que se casó conmigo y hoy vinimos a disfrutar de nuestra luna de miel.

Bianca soltó una carcajada llena de desdén y burla:

—¿Con su estatus, crees que pasaría su luna de miel en un lugar como este?

Estaba convencida de que Magdalena mentía. Que el grandioso presidente del Grupo Centauro se hubiera casado sin que nadie se enterara ya era ridículo, pero ¿venir a un simple resort para su luna de miel? Imposible.

Al ver que no le creía, a Magdalena no le importó darle más explicaciones. Bajó la mirada y se marchó.

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