Al dar la vuelta a la esquina, vio a Bianca hablando por teléfono. Se quedó helada por un instante, y Bianca también la miró. Magdalena le dio una sonrisa incómoda e intentó darse la vuelta, pero Bianca apartó el celular de su oreja:
—Tenemos que hablar.
Apenas terminó de hablar, Magdalena respondió:
—Tú y yo no tenemos nada de qué hablar.
Bianca miró su espalda y su tono se volvió ansioso:
—¿Acaso no quieres saber qué relación tengo con él?
Ella detuvo ligeramente su paso, de espaldas a Bianca:
—Son conocidos de la universidad, eso es todo.
Bianca se sorprendió. Renato de verdad la trataba diferente si le había explicado eso:
—¿Y te habló de su exnovia?
El tono de Magdalena se mantuvo sereno:
—Alguien sin importancia. No necesito saber nada.
—¿Sin importancia? —Bianca soltó una carcajada cargada de sarcasmo—. ¿Alguien sin importancia lo llevaría a perder la cabeza durante seis años? ¿Lo llevaría a buscar su reflejo en cada mujer que metía a su cama?
La seguridad de Magdalena desapareció por completo y su rostro se quedó lívido.
Renato no parecía ser alguien movido por el deseo, pero solía cambiar de amante cada tres meses. Eso era una verdadera locura.
Resultaba que su comportamiento no era como el de Andrés Vargas, que simplemente era un mujeriego empedernido. Renato lo hacía porque esa mujer lo había dejado destrozado.
Él le había contado que tuvo una novia en la universidad, pero nunca le dio detalles.
Ni siquiera conocía el nombre de la chica. Sin embargo, frente a otra mujer, no podía mostrar debilidad alguna, para evitar darle la oportunidad a alguien con malas intenciones de aprovecharse.
Se dio la vuelta para mirar a Bianca:
—En realidad, lo que a ti te urge saber es qué soy yo para él, ¿no?

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