Entrar Via

Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 324

Cuando Renato Jiménez llegó a casa, las luces de la sala estaban encendidas. Olga se acercó a recibir su abrigo y él le preguntó:

—¿Dónde está ella?

Olga lo miró confundida.

—¿La joven señora no regresó con usted?

Renato frunció el ceño y miró el reloj de la pared. Faltaba poco para las once de la noche. Afuera llovía a cántaros y el cielo estaba completamente encapotado.

Mientras se aflojaba la corbata, sacó su celular. No tenía ninguna llamada perdida. Buscó el número de Magdalena y marcó, pero una voz robótica le indicó que el teléfono estaba apagado.

Sin saber por qué, una ola de irritación lo invadió. Se quitó la corbata, la tiró en el sofá y volvió a marcar una y otra vez.

Olga miraba el aguacero que caía afuera, muy preocupada.

—Con esta tormenta, ¿adónde habrá ido la joven señora? ¿Por qué no llamó para avisar?

Al no poder comunicarse con ella, Renato tiró el celular sobre la mesita, sacó un cigarrillo del bolsillo y lo encendió.

Afuera seguía lloviendo sin tregua. En la espaciosa sala, solo se escuchaba el rítmico tictac del reloj de pared.

Olga asomaba la cabeza hacia afuera constantemente, carcomida por la angustia.

Renato se fumó media cajetilla de un tirón. Volvió a mirar el reloj de la pared; eran las once y media, y Magdalena aún no volvía.

Aplastó la colilla en el cenicero, tomó las llaves de su auto que estaban en la mesa y caminó hacia la salida. Al pasar junto a Olga, le indicó:

—Quédate junto al teléfono. Si ella regresa, llámame de inmediato.

Olga lo detuvo:

—Señor, no sabe dónde está la joven señora. ¿Por dónde va a buscarla?

Renato se puso su abrigo sin decir nada. Iría a cualquier parte; era mejor que quedarse ahí sentado como un idiota esperando.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Casé con el que Pagó Mi Venganza