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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 399

Al ver que Fátima Sarmiento se retiraba sin el menor sobresalto, Paula Suárez, enfurecida, pateó el cesto de basura. Estaba convencida de que Fátima armaría un escándalo y estallaría de furia al enterarse, jamás imaginó que lo tomaría con tanta tranquilidad.

Si no reaccionaba ni siquiera al saber que su propia hermana se estaba enredando con su exmarido, entonces bien merecido tenía el haber sido botada.

Puesto que Fátima Sarmiento había resultado un callejón sin salida, tendría que buscar otra táctica.

……

Magdalena estaba arreglando flores en el invernadero de cristal cuando recibió la llamada de Beatriz. Antes de irse a California, Beatriz le había enseñado, además del arte del té, técnicas florales. Después de tantos años sin practicar, sus manos estaban bastante oxidadas.

Al enterarse de que Don Jonás Sarmiento estaba gravemente enfermo y hospitalizado, corrió a su recámara a cambiarse de ropa y se dirigió a toda prisa al hospital.

Llegó a la habitación de terapia intensiva, abrió la puerta y entró. En la sala se encontraban Beatriz, Fátima Sarmiento y, para su sorpresa, también Octavio Sarmiento.

Se acercó a la cama y le preguntó suavemente a Don Jonás:

—Abuelo, ¿cómo se siente?

Don Jonás la miró fugazmente, desvió la cabeza y actuó como si sus palabras no existieran.

El suero amarillento de la bolsa caía gota a gota a través del tubo transparente, fluyendo hacia su torrente sanguíneo mediante la aguja conectada al dorso de su mano.

A Magdalena no le importó la actitud de Don Jonás. Retrocedió en silencio y se quedó a un lado. Beatriz le dio unas suaves palmaditas en la mano para indicarle que no le diera importancia.

El doctor de cabecera escuchó el ritmo cardíaco de Don Jonás con su estetoscopio, anotó un par de cifras en su libreta y salió de la habitación acompañado por Octavio Sarmiento.

Don Jonás fijó su mirada en Fátima. Ella se acercó, se sentó al borde de la cama y tomó entre sus manos la marchita mano del anciano. Don Jonás sentenció:

—Por tu propio futuro y el de Reina, encuentra la manera de volver con Lázaro.

Desde que había regresado de Auckland, Don Jonás había intentado de todas las formas posibles convencerla de que regresara con Lázaro Guzmán. Ella se había resistido tanto, que el anciano terminó cayendo hospitalizado por el coraje.

Fátima respondió con un tono de total resignación:

—No vamos a volver a casarnos.

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