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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 416

Magdalena Sarmiento no supo cuánto tiempo se pasó llorando, pero cuando por fin detuvo el llanto, el agua ya estaba helada.

Se levantó de la bañera, se secó el cuerpo con la toalla y, envuelta en la bata, salió. De reojo notó la pijama azul oscuro sobre el lavabo, y se quedó perpleja.

Al volver a la habitación, Renato Jiménez ya no estaba. La cama deshecha y la ropa de ambos en el piso parecían querer probar que él realmente había estado allí esa noche, pero que ya se había ido.

Retiró las sábanas arrugadas y recogió la ropa esparcida por el suelo, lanzándolo todo al cesto de la ropa sucia. Luego sacó un juego de sábanas nuevas del armario y las colocó.

Para cuando terminó de organizar todo ya pasaba de las dos de la mañana. Estaba tan cansada que apenas podía enderezar la espalda. Se tapó la boca con la mano para ahogar un bostezo, se deslizó bajo las sábanas y se quedó dormida al poco tiempo.

Al haberse acostado tan tarde y desvelada por los sucesos de la noche, despertó al día siguiente casi a las diez y media. Olga ya estaba preparando el almuerzo. Notando que Magdalena Sarmiento tenía mal semblante, le preguntó:

—Joven señora, ¿no descansó bien anoche?

—Un poco —respondió vagamente.

—Con razón el señor nos indicó esta mañana antes de irse que no fuéramos a despertarla para dejarla dormir un rato más —dijo Olga.

Se quedó pasmada:

—¿Se fue hasta en la mañana?

Olga no entendió por qué se lo preguntaba, y la miró confundida:

—Sí, se fue después de desayunar.

Ella había asumido que él se fue la noche anterior. Entonces, ¿acaso había dormido en el cuarto de visitas o en el estudio?

Se sentó en el sofá a ver la televisión, y poco rato después Olga tenía lista la comida. Luego de comer, se dirigió al invernadero de cristal.

Cuando Olga terminó de lavar los platos y salió de la cocina secándose las manos, escuchó sonar el teléfono fijo. Se secó rápido las manos, se acercó para responder y dijo:

—Señor.

Oficina del presidente, Grupo Centauro.

El hombre hojeaba los documentos en su escritorio. Camilo llamó a la puerta, entró y le preguntó si iría a comer al restaurante o si prefería que le llevaran la comida a la oficina.

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