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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 424

Renato sintió una oleada de frustración. Como a ella no le importaba, tampoco le interesaba quién había contestado el teléfono, y mucho menos si había pasado algo entre ellos.

A veces, de verdad sentía ganas de ahorcar a esta mujer.

Cerró la puerta de nuevo, fue a ducharse a la habitación de invitados y luego regresó de puntillas.

Apenas se acostó, ella se arrimó hacia él. Sus pies, pegados a las piernas de Renato, estaban tan fríos que parecían trozos de hielo.

Él frunció el ceño ligeramente, la envolvió en sus brazos y aprisionó los pies de ella entre sus largas piernas para darle calor.

Al parecer, tendría que decirle a Olga que dejara la calefacción encendida siempre que ella se fuera a dormir.

...

A la mañana siguiente, Magdalena recordó lo ocurrido en la noche. Esa calidez había sido muy real. Tocó el otro lado de la cama; aún conservaba el calor de su cuerpo. ¿Había regresado anoche?

En ese momento, el sonido de un motor resonó en el patio. Se levantó descalza, abrió las cortinas y alcanzó a ver la parte trasera del Maybach alejándose.

Se quedó mirando hasta que el auto desapareció por completo. Volvió a la cama y, al ver que aún era temprano, se quedó un rato más. A las ocho y media se levantó, se lavó la cara en el baño y bajó las escaleras.

Olga la vio llegar y sirvió el desayuno. Quizás por la influencia de Renato, Magdalena también había adquirido la costumbre de leer el periódico mientras comía.

Sin embargo, la edición más reciente no estaba en el revistero.

—¿Dónde está el periódico de hoy? —le preguntó a Olga.

Desde que llegaron dos nuevas empleadas a la casa, el trabajo se había dividido. Olga se encargaba principalmente de la cocina, así que no estaba muy segura.

—Creo que aún no lo traen.

A mitad del desayuno, Joaquina entró con el periódico matutino y se dispuso a colocarlo en el estante.

—Dámelo —pidió Magdalena.

Joaquina se lo entregó. Magdalena lo abrió, pero al posar la vista en el titular de la primera plana, se quedó paralizada. Sus manos y pies se helaron al instante.

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