Grupo Centauro.
Al salir de la sala de reuniones, Wendy se acercó a Renato y le entregó el periódico, dudando antes de hablar.
—Señor Jiménez...
Renato echó un vistazo rápido. Su rostro apuesto se endureció al instante. Le devolvió el periódico a Wendy y caminó con paso firme hacia su oficina, irradiando un aura aterradora y helada.
Camilo y Wendy lo siguieron de cerca. Camilo tomó el periódico y lo leyó rápidamente mientras caminaba; su corazón dio un vuelco.
Al entrar en la oficina, ambos miraron al hombre, que estaba furioso. Se miraron entre sí, sin atreverse a decir una palabra.
Renato se aflojó la corbata. Al sentarse detrás del escritorio y verlos allí parados, habló con frialdad:
—¿Qué hacen ahí parados? ¡Vayan a resolver esto de inmediato!
Camilo asintió y salió disparado. Wendy fue a prepararle un café. Para cuando regresó con la taza, Renato estaba de pie frente al ventanal, hablando por teléfono. Su voz era profunda, cargada de una ira contenida.
—Yo me encargaré de esto... Tengo esposa. En cuanto a Paula, si todavía la consideras como una ahijada, dile que se comporte. ¡Si descubro que ella tiene algo que ver con esto, no se la dejará pasar!
Sin esperar la respuesta de Susana, colgó y arrojó el celular sobre el escritorio con rabia.
Debido a la fuerza, el aparato resbaló por la superficie y derribó el porta lapiceros. Los bolígrafos salieron rodando y cayeron al suelo.
Wendy los recogió, comprobó que aún funcionaran, los volvió a colocar en su lugar y ordenó el escritorio.

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