Él desvió la mirada de la ventana para clavar sus ojos en ella. Por un segundo, su expresión fue de un vacío total, como si anduviera desorientado y no supiera ni dónde estaba. Fue hasta que ella le repitió la pregunta, ¿Qué tienes?, que sus pupilas se enfocaron y su mirada recuperó la claridad.
Agarró la mano de ella, que seguía en su brazo, con tanta fuerza que le amontonó los dedos. Luego aflojó el agarre y se limitó a cubrirle el dorso de la mano con mucha suavidad, intentando esbozar una sonrisa.
—¿Ya acabaste la traducción?
Magdalena no era tonta; se había dado cuenta de ese bajón tan raro que acababa de tener.
—A ver, ¿qué te pasaba hace rato?
—Ando un poco cansado, es todo. —Se dio un masaje en las sienes, reflejando bastante fatiga en el rostro. Luego alzó la cabeza y la miró de nuevo—. Pásame tu tarea para darle una checada.
Al verlo tan agotado, ella decidió no escarbar más en el asunto.
—Ya se nos hizo súper tarde, mejor nos vamos a dormir.
Renato no movió ni un músculo de su silla.
—Si ya te andas durmiendo, adelántate tú. Nada más lo reviso y voy al cuarto.
Magdalena lo agarró, lo obligó a pararse y se lo llevó empujándolo hacia la puerta.
—Total, que es chamba de Camilo. Llevas todo esto a la oficina mañana y que él mismo lo revise.
Al llegar a la recámara, Magdalena fue la primera en meterse a bañar. Cuando salió del baño, se dio cuenta de que Renato no estaba por ningún lado. A través del cristal de la puerta corrediza, alcanzó a distinguir al hombre afuera, fumándose un cigarrillo en el balcón.
Estaba de espaldas, por lo que solo se veía su figura imponente. Como no había luz afuera, su silueta casi se perdía en lo oscuro de la noche.
Cuando Renato se terminó el cigarro y regresó al cuarto, Magdalena se estaba secando el cabello. Apagó la secadora y se le quedó viendo.
—¿Hay algo que no me estés contando?
Los ojos oscuros del hombre se posaron en ella.
—Nada.
—Es rarísimo verte fumar aquí en la casa.
—Se me antojó uno, eso es todo. —Se acercó a ella, le revolvió un poco el cabello que aún tenía húmedo y le quitó la secadora de las manos.

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