Una vez dentro del salón, el escándalo de afuera desapareció. Magdalena le preguntó:
—¿Por qué hay tantos reporteros?
Renato se alisó la solapa del saco.
—Hay gente a la que le gusta llamar la atención. No te preocupes por eso.
Magdalena iba a añadir algo, pero Doña Rita se acercó del brazo de Adán Suárez. Adán forzó una sonrisa tensa.
—Presidente Jiménez, sea usted bienvenido.
Aunque sonreía, por dentro estaba furioso. Si Renato hubiera intervenido a su favor con el Director Lugo, su proyecto cancelado se habría reactivado, evitándole perder una fortuna y estar ahora acorralado por las deudas.
Renato asintió con cortesía.
—Señor Suárez, mis felicitaciones.
Doña Rita miró a Magdalena y luego a Renato.
—Renato, Magda, me da mucho gusto que hayan venido.
Magdalena respondió con una sonrisa suave.
—Doña Rita.
Con un simple "con su permiso", Renato la guio hacia los demás invitados. Al pasar junto a un mesero, cada uno tomó una copa de champaña. Como Magdalena no podía beber, solo la sostenía para guardar las apariencias.
Varias personas se acercaron a saludar a Renato. Al verlo acompañado, pasearon miradas curiosas sobre ellos, pero sin atreverse a preguntar directamente. Uno de los hombres comentó con tacto:
—Presidente Jiménez, su acompañante es muy hermosa.
Renato echó un vistazo a la joven que acompañaba al otro hombre.
—La suya también.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me Casé con el que Pagó Mi Venganza