Paula Suárez ya estaba lista. Llevaba un elegante vestido rojo de un solo hombro, cuyo tirante estaba adornado con una rosa hecha a mano de la que caían dos cintas. La falda, decorada con capas de pétalos, era de una confección exquisita y resaltaba a la perfección su figura envidiable.
El tocador estaba en el segundo piso. Bajó las escaleras dispuesta a entrar al salón de banquetes, pero justo al dar el último paso, alguien que la esperaba al pie de la escalera la tomó bruscamente del brazo y la arrastró hacia el final del pasillo.
Ella forcejeó un par de veces, pero la mano grande y fuerte del hombre la sujetaba por la muñeca con tanta fuerza que parecía querer triturarle los huesos.
Usó su mano libre para intentar soltarse.
—Damián, ¿qué haces? ¡Suéltame!
El hombre daba pasos largos y ella, con sus tacones altos, apenas podía seguirle el ritmo, tropezando a cada paso mientras era arrastrada.
Al llegar al final del pasillo, él abrió la puerta de la última habitación y la empujó hacia adentro. La luz era escasa, pero ella pudo distinguir claramente la furia en su rostro.
Damián apretó los dientes.
—¿De verdad te vas a comprometer con él?
Paula se soltó de un tirón, frotándose la muñeca adolorida.
—Tampoco quiero tener nada que ver con ese tipo, pero qué culpa tengo yo de que tenga un padre tan influyente.
De pronto, Damián suavizó la voz, casi suplicando:
—No te comprometas con él, ¿sí? Me gustas mucho. Me has gustado desde la primera vez que te vi.
Siempre recordaría esa primera vez. Fue en la fiesta de aniversario de la Corporación Suárez. Ella acompañaba a Adán Suárez, luciendo un deslumbrante vestido rojo, tan majestuosa como una reina.
Solo bastó una mirada entre la multitud para que su rostro quedara grabado en su memoria, soñando con el día en que volverían a encontrarse, iniciando así una solitaria añoranza.
Como en aquella vieja canción, su silueta se había grabado a fuego en su mente. Ella iba de vez en cuando a la empresa, y él solo podía mirarla de lejos. No fue hasta que ella entró oficialmente a trabajar en la Corporación Suárez que tuvo la oportunidad de acercarse.
Aquella noche, en la que ella había bebido de más, fue el momento más feliz de su vida. Creyó que la pasión que ella le demostró significaba que sentía, aunque fuera un poco, algo por él.

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