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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 507

Antes de que la ceremonia comenzara, Magdalena se había aferrado del brazo de Renato con la intención de acercarse al frente, pero él se quedó inmóvil. Así que ambos terminaron quedándose en la parte más alejada de la multitud.

Al ver cómo el lugar se sumía en un caos de repente, Magdalena puso cara de confusión. Alcanzó a escuchar palabras como "fotos", acompañadas de los agudos e histéricos gritos de Paula, pero lo que más resonaba eran las agresivas preguntas de los reporteros.

Las fotos volaban de mano en mano, y de pronto, una aterrizó en la parte trasera del salón. Magdalena soltó el brazo de Renato, dio dos pasos al frente para recogerla y regresó a su lado.

La protagonista indiscutible de la imagen era Paula. Al hombre no se le veía el rostro, pero la foto capturaba con total claridad la expresión de ella, mostrando a la perfección el evidente placer de estar perdiendo la cabeza en los brazos de ese hombre.

Como ambos se habían mantenido alejados del tumulto, pudieron observar todo con claridad. Alguien en la multitud había lanzado un puñado de fotos al aire y, aprovechando la confusión, había escapado rápidamente por la entrada del salón.

Magdalena miró a Renato.

—¿El hombre de la foto es ese tal Damián?

Renato ni siquiera se dignó a mirarla, y mucho menos parecía interesado en el contenido de la fotografía.

—Tal vez.

Magdalena se quedó mirándolo un momento.

—Parece que no te sorprende en absoluto.

Renato desvió un poco la mirada hacia ella y la observó de reojo.

—¿Por qué habría de sorprenderme lo que hagan otras personas?

Ella asintió. Ese hombre a su lado siempre había sido de una frialdad y apatía inquebrantables, así que era normal que no mostrara reacción alguna.

Renato contempló la caótica escena con una mirada indescifrable. En sus delgados labios se dibujó una sonrisa gélida y fugaz, tan rápida que fue casi imperceptible.

Media hora antes.

Renato había salido de la sala de descanso temporal por la puerta trasera del salón para buscar un lugar tranquilo donde atender una llamada. Cuando terminó, se preparaba para regresar.

Cerca de la puerta trasera había un pequeño invernadero. Dos hombres estaban de pie, uno frente al otro. Al principio no les prestó atención, pero logró escuchar fragmentos de su conversación.

—Entre más caos haya luego, mejor.

Sus pasos se detuvieron y observó a los dos hombres. Vio cómo Gabriel, vestido de traje blanco, le entregaba un sobre de papel manila al otro hombre.

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