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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 699

En invierno, anochecía bastante temprano. Aún no daban las nueve y ya estaba completamente oscuro, sin el más mínimo rastro de luz de estrellas en el cielo.

Las dos habían tenido una conversación muy amena. Virginia se levantó para despedirse, pero Magdalena intentó retenerla.

—Tía, quédate a dormir aquí esta noche.

Aunque Renato temía que Virginia le enseñara malas mañas a Magdalena, al verlas platicar tan felices y recordando lo sola y triste que debía haberse sentido su tía todos esos años, intervino.

—Si regresas a tu casa no tendrás con quién hablar. Deja que Magda te haga compañía y platiquen un rato más.

Virginia esbozó una media sonrisa.

—Me parece perfecto. Entonces esta noche ella dormirá conmigo.

Una leve fisura pareció resquebrajar la mirada profunda de Renato. Manteniendo un rostro impasible, respondió:

—Que tengas un buen viaje de regreso. No te acompañaremos a la puerta.

Magdalena se quedó sin palabras.

Virginia arqueó una ceja y soltó un suspiro, fingiendo dramatismo.

—Ya veo que no soy bienvenida aquí. Mejor no me quedo a interrumpirlos.

Tras la partida de Virginia, Magdalena se recostó en el sofá, sosteniendo su vaso de agua, con una expresión perezosa, sin ganas de moverse.

Renato tomó una mandarina, la peló con cuidado, quitándole hasta el último rastro de la pielecilla blanca, la puso en la palma de su mano y se la acercó.

—No comiste mucho durante la cena. ¿Quieres que Olga te prepare un bocadillo nocturno?

Para complacer el paladar de Virginia, toda la cena había sido picante. Magdalena apenas había probado unos cuantos bocados y solo se tomó media porción de sopa de cabeza de pescado.

Ella tomó un gajo de mandarina de la mano de él y se lo metió a la boca.

—Por ahora no se me antoja nada.

Renato apoyó el otro brazo en el respaldo del sofá, en una postura medio abrazada y muy íntima.

—La tía se veía muy contenta hoy. Ya que se llevan tan bien, puedes invitarla a que nos visite más seguido.

Magdalena asintió con una sonrisa.

—De todas formas, no tengo nada que hacer cuando estoy sola.

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