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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 252

El escándalo se salió de control, ¡y por supuesto que la señora Del Ríos ya se había enterado de todo!

Al escuchar a los jóvenes a su alrededor tachar al Hospital de los Santos de ser una clínica fraudulenta, la anciana se armó de fuerzas y les gritó:

—¡No somos un hospital fraudulento! ¡Están equivocados! ¡Se equivocan!

—¡Hágase a un lado, señora!

Un reportero sin escrúpulos, desesperado por conseguir la exclusiva, empujó a la señora Del Ríos con su cámara por atreverse a tapar la toma. Incluso le puso el micrófono en la cara:

—Señora, ¿por qué asegura que este hospital no tiene nada que esconder?

La señora Del Ríos cayó al suelo y casi se queda sin aire. Al verse rodeada de cámaras, el pánico la invadió por un segundo, pero logró responder:

—¡Mi nieta jamás haría algo así! ¡Ella construyó este hospital con sangre, sudor y lágrimas! ¡Si contrata a alguien, es por algo! ¡No tienen derecho a inventar tantas mentiras!

—¿Su nieta? O sea que solo está encubriendo la verdad porque tiene familiares en la directiva y teme que salgan embarrados, ¿verdad? —El reportero torció sus palabras sin dudarlo.

La señora Del Ríos, desesperada, intentó ponerse de pie a tropezones y apartó el micrófono que casi le pegaba en la cara.

—¡Yo no quise decir eso! ¡Mi nieta es incapaz de hacer algo así! ¡Cómo pueden los medios inventar tantas cosas!

El reportero, que casi tira el micrófono, lo recuperó rápido y miró a la cámara:

—Como pueden ver, esta señora conoce los oscuros secretos del hospital, pero está dispuesta a encubrirlo todo para proteger los intereses de su familia.

Alguien entre la multitud murmuró:

—Nomás envejecen, pero siguen siendo igual de transas.

Juan, que acababa de llegar corriendo desde Novygen Biotecnología, encontró a la señora Del Ríos. De inmediato la cubrió con su cuerpo y le apuntó al reportero con el dedo:

—¡De qué periódico son! ¡Están sacando de contexto las palabras de una anciana y manipulando la verdad! ¡Los voy a demandar!

El reportero dio un par de pasos hacia atrás y habló a la cámara con tono dramático:

—Mejor nos alejamos de estos "trabajadores del hospital" que ya perdieron el control.

—¡Sigue diciendo estupideces! —estalló Juan—. ¡Te juro que tu periódico se va a arrepentir!

El reportero sonrió con fingida resignación ante la lente.

—Como pueden ver, estamos recibiendo amenazas a nuestra integridad física. Por nuestra seguridad, seguiremos informando desde los alrededores. Sigan sintonizando El Diario Vespertino de Santa María...

***

—Ya me chequé yo sola, no es nada grave, solo un esguince leve. Melisa, mija, ¿por qué esa gente revoltosa dice que somos un hospital fraudulento? Y eso de que contratamos discapacitados para ser doctores... la verdad, no entiendo nada.

—Abuela —respondió Melisa, suavizando el tono a pesar de su mirada fría—. Son médicos militares retirados de la Marina. Tienen décadas de experiencia en el campo. Son doctores completamente capacitados, no hay ningún problema con ellos.

—¡Ah, entonces los que están haciendo alboroto entendieron todo mal! —exclamó la señora Del Ríos—. ¡Qué bárbaros, cómo se atreven a difamar así!

—No te apures, yo me encargo de arreglarlo. El hospital va a estar bien —le aseguró Melisa—. Mejor vete a casa, ponte una pomada en la pierna y descansa.

La anciana seguía dudando.

—¿Podrás tú sola?

—No estoy sola. Si veo que no puedo, pediré ayuda.

Tras mucha insistencia, la señora Del Ríos por fin aceptó irse con Juan, mirando hacia atrás a cada paso que daba mientras se alejaban de la entrada.

En ese mismo momento, en el centro de la multitud, Verónica lloraba frente a las cámaras:

—¡Soy una estudiante de medicina con calificaciones de excelencia, y este hospital me rechazó! ¡Prefieren contratar a discapacitados sin título que a personal médico de verdad! ¡Están jugando con la vida de los pacientes!

A su alrededor, otros candidatos rechazados con altos niveles académicos empezaron a hacer eco de sus quejas, exigiendo a gritos que el hospital les diera una explicación clara.

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