—¡Rápido! ¡Manda los expedientes médicos ya! ¡Es una oportunidad que no se da dos veces en la vida!
Un minuto después...
La bandeja de mensajes directos de Melisa explotó, y el contador de no leídos subió a más de 999 en un abrir y cerrar de ojos.
Por supuesto, no aceptaba pacientes solo por capricho. Usando sus habilidades como *hacker*, Melisa filtró los casos que le parecieron más interesantes y al final se decidió por un hombre llamado Aureliano Valdez. Su expediente indicaba que era el antiguo líder del cártel más grande de Colombia, la familia Costa.
Este capo, que se suponía ya había muerto tras dejar el poder, había sido el mentor de Nicanor Núñez, el tercer hermano de Melisa. Se decía que el viejo se había empeñado en dejarle el mando a un extranjero como él, al grado de pelearse a muerte con su propio hijo.
Como era alguien cercano a su hermano y el caso cumplía con sus requisitos, Melisa aceptó el trabajo sin pensarlo dos veces.
Aureliano tenía sangre Rh nulo, un tipo que compartían menos de cincuenta personas en todo el mundo, conocida como «la sangre dorada».
Su estado de salud era crítico: insuficiencia cardíaca, fibrosis hepática y pérdida total de la función en ambos riñones. En tres años había pasado por las manos de cinco médicos de primer nivel, y todos lo habían desahuciado.
El último diagnóstico le daba menos de seis meses de vida. Apenas se mantenía a flote gracias a un suero nutricional de última generación.
Melisa aceptó el caso y publicó un mensaje en el foro:
[Paciente aceptado. Se cierra la convocatoria.]
El equipo del paciente se puso en contacto con ella esa misma noche. Le suplicaron que volara a Colombia lo antes posible, asegurando que pagarían la cantidad que ella pidiera.
Melisa respondió:
[No quiero dinero. Solo necesito que me hagan un favor.]
[¡Lo que sea! ¡Pida lo que quiera!]
Melisa fijó la fecha. En cuanto terminara la junta con el maestro de Teresa, pediría que enviaran su avión privado a recogerla en la noche.
***
Por otro lado.
—No sospechó nada porque la información es real —Dafne sonrió—. Lo más seguro es que en cuanto termine de actualizar sus equipos médicos, vaya a buscarte con esas pruebas.
Hugo pensó que esa mujer era una estúpida sin remedio. Aunque tenía sentido; Dafne siempre había sido una presumida y jamás se metía personalmente en esos negocios sucios. Todos esos contratos tenían el sello privado de Agustina Silva escondido en un lugar que solo él conocía.
Si Melisa le entregaba esos documentos al ejército, también le daría a él una carta fuerte para defenderse y voltearles la jugada.
Al pensar en eso, Hugo sonrió de lado, dio un paso al frente y tomó a Dafne por la cintura con una mano.
—Entonces, nuestro acuerdo sigue en pie, ¿verdad?
Dafne le dio un manotazo y lo miró con asco.
—No pienso volver a involucrarme en tus porquerías. Me quedaré como directora, mantendré mi imagen intacta y más nos vale a los dos no volver a mencionar lo que pasó. Todavía puedo casarme con alguien de dinero.
Dicho esto, Dafne tomó su bolso y se dio la vuelta para salir.
Esa actitud arrogante hizo que el rostro de Hugo se endureciera.

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