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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 277

—No hace falta —rechazó Melisa—. Esta vez solo me quedaré tres días.

Óscar estaba realmente sorprendido.

—¿Puedes curar a mi padre en tres días? Debes saber que tiene muchas enfermedades subyacentes, muchísimos médicos se han quedado sin saber qué hacer.

—Quién sabe, habrá que intentarlo —respondió Melisa sin darle mucha importancia.

Por un momento, Óscar no pudo descifrar si hablaba en serio o no. La llevó a un comedor interior. Todos ahí eran sus subordinados de confianza, por lo que sería más cómodo y seguro tener una plática detallada.

Óscar pidió que le trajeran su bastón, se puso de pie e intentó ser lo más elegante posible al apartar la silla para Melisa, rozando su hombro como si nada. Una vez que ella se sentó, le sirvió personalmente una copa de tequila añejo para demostrarle sus buenas intenciones.

—Doctora Serrano —su voz sonaba suave y melosa—. Seguramente usted conoce la situación de mi padre mejor que yo.

Agitó un poco la copa, haciendo que los hielos chocaran con un tintineo.

—Incluso si la cirugía es un éxito, con su edad y condición física... ¿cuánto tiempo más podrá vivir?

Melisa tomó un traguito de la bebida, saboreándola. Luego, empezó a cortar el corte de carne que tenía enfrente.

—Eso no es algo que un médico deba considerar. Yo solo me encargo de salvar vidas.

Óscar se inclinó de golpe hacia adelante; su prótesis emitió un ligero sonido mecánico.

—Pero sí es algo en lo que un hijo debe pensar.

Su mirada se volvió penetrante.

—¿Sabe una cosa? El dinero que mi padre gasta cada año en tratamientos médicos sería suficiente para alimentar a todos los niños de los barrios bajos.

Al pensar en esos niños, su tono se suavizó.

—Cada vez que voy a los barrios pobres a repartir pan y hacer caridad, siempre pienso: el que ya se tiene que ir, ¿no es mejor dejarlo descansar? ¿Por qué invertir tanto dinero solo para mantener a mi padre aferrado a la vida? Ya ha sufrido bastante todos estos años.

La luz del comedor proyectaba sombras oscuras sobre su rostro. Los meseros ya se habían alejado discretamente para no escuchar nada.

Melisa comentó con sarcasmo:

—Pensé que eran del cártel. ¿Desde cuándo hacen obras de caridad?

—Yo sí tengo conciencia —dijo Óscar, llevándose una mano al pecho—. Entonces, ¿vas a ayudarme? No quiero que mi padre termine siendo víctima de nuestras luchas de poder. Además, quiero invertir ese dinero en más obras de caridad.

Melisa soltó los cubiertos, tomó su copa y la agitó levemente.

—¿Cómo quieres que te ayude?

Seguro que, el mismo día que terminara el trabajo, Óscar la metería en un costal y la tiraría al fondo del mar.

Óscar no sabía que la persona a la que su padre había contactado era la famosa Médica Milagro de la dark web. Como el círculo cercano de Aureliano estaba completamente controlado por Nicanor, Óscar no tenía acceso a esa información. De verdad creía que Melisa era solo una joven prodigio de la medicina, inexperta y fácil de manipular.

Melisa se tomó el resto de la copa con calma. Una vez que se la acabó, tomó una decisión.

—Lo que ofreces supera por mucho lo que me paga Aureliano. Pero quiero cinco millones de dólares de anticipo, y la transferencia tiene que salir de tu cuenta personal.

Óscar lo pensó un momento.

—De acuerdo.

Al fin y al cabo, la tenía vigilada; no iba a dejar que nada saliera mal.

Al terminar de cenar, Melisa se limpió la boca, se levantó y le dio la mano.

—Un placer hacer negocios.

Melisa regresó a su habitación con sus recién transferidos cinco millones de dólares.

Había usado una cuenta internacional falsa, con una interfaz modificada. Los técnicos de Óscar revisaron la cuenta y transfirieron el dinero sin notar nada raro, ignorando por completo que ese dinero jamás volvería.

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