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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 282

—Es muy buena peleando —comentó Nicanor.

Él se acercó a la cama de Aureliano y, al ver su rostro débil pero aún con chispa de vida, frunció el ceño.

—¿Qué fue lo que pasó exactamente?

—En realidad, todo esto fue petición de Médico Milagro —comenzó a explicar el asesor médico—. Aunque ni el señor Aureliano ni yo teníamos idea de lo que planeaba, cooperamos y seguimos el juego en toda esta obra de teatro.

Ninguno de nosotros previó la muerte de Óscar, pero Médico Milagro nos dejó esto.

Mientras hablaba, el asesor médico sacó su celular del bolsillo y abrió la carpeta que Melisa le había enviado.

Era una grabación de audio que documentaba el momento exacto en que Óscar contactó a Médico Milagro, intentando aliarse con ella para provocar una negligencia médica y asesinar a Aureliano.

El semblante de Nicanor y Aureliano se endureció, aunque cada uno estaba concentrado en algo distinto.

Nicanor no podía quitarse de la cabeza que la voz femenina de la grabación le resultaba demasiado familiar; sonaba idéntica a la de su hermana. Pero su hermana estaba de vacaciones en Hawái en ese momento, ¿cómo podría estar en Colombia?

Sin embargo, su hermana poseía un talento médico excepcional. En el pasado, incluso había operado a su hermano mayor, Mateo. Sus habilidades irremediablemente le hacían pensar en Médico Milagro. Si a eso le sumaba la inexplicable muerte de los francotiradores y de Óscar, todo cobraba sentido. Si Médico Milagro era su hermana, las piezas encajaban a la perfección.

Pero, ¿realmente era posible?

Por su parte, al escuchar el complot de su propio hijo para asesinarlo y tenderle una trampa a Nicanor con el fin de quedarse con el puesto de líder, la habitación quedó sumida en un silencio sepulcral.

La mano de Aureliano cayó sin fuerzas. En sus ojos solo había decepción y repulsión; no derramó ni una sola lágrima. Su voz sonó áspera.

—Le di innumerables oportunidades...

Con razón Médico Milagro ya traía la respuesta cuando me hizo aquella pregunta —murmuró de pronto.

—¿Qué le preguntó? —quiso saber Nicanor.

—Me preguntó si yo sería capaz de matarlo —Aureliano clavó su mirada en él—. Ya sabemos quién fue.

Médico Milagro se había involucrado en sus conflictos internos. Mató a Óscar y tomó la decisión por Aureliano. Para los miembros neutrales, aquello seguía siendo una intromisión imperdonable en asuntos ajenos.

Aureliano sabía que Nicanor no tenía por qué mentirle, pero sus años de experiencia le decían otra cosa.

—Pues da la impresión de que ella sí te conoce.

—Si alguna vez tengo la oportunidad de verla, se lo agradeceré en persona —se limitó a responder Nicanor.

La habitación quedó en silencio por un instante. Aureliano contempló el cadáver de su hijo por un largo rato, hasta que finalmente cerró los ojos, conteniendo a duras penas el dolor.

—Desháganse de él —ordenó el anciano, moviendo la mano con cansancio—. Trátenlo con las reglas para los traidores.

El cuerpo de Óscar fue arrastrado fuera del lugar. Sin embargo, Nicanor no lo mandó enterrar; ordenó que lo llevaran a mar abierto y lo arrojaran por la borda.

Había tolerado demasiadas cosas por respeto a Aureliano, pero después del intento de parricidio de esa tarde, un entierro digno era un premio inmerecido. Ser devorado por los tiburones era el único destino que Óscar merecía.

Tras terminar con todos los pendientes, Nicanor se paró en medio de la casa donde Médico Milagro se había hospedado, fumando un cigarrillo mientras se sumía en sus pensamientos.

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