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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 315

Melisa se quedó paralizada por un momento.

Al sentir la vulnerabilidad del hombre, levantó la mano y le dio unas suaves palmaditas en la espalda.

Su plan original era irse en el barco pirata, pero su mente no dejaba de pensar en Dani. Como se había desviado un poco de lo acordado, supuso que él estaría muy preocupado, así que le pidió a Peter un yate de lujo que acababan de robar y regresó manejando junto con Dafne.

Por culpa de la niebla, era fácil perderse en altamar, por lo que Melisa esperó a que mejorara la visibilidad para volver.

Apenas pisó el barco de Dani y cruzó miradas con él —cuyos ojos reflejaban una tormenta de emociones—, terminó atrapada en sus brazos.

Melisa bajó la mirada, sus pestañas temblaron y lo consoló en voz baja:

—¿Creíste que había muerto en el incendio? No soy tan débil.

—Mi lógica me decía que no morirías —Dani apretó la mano que sostenía su cintura, haciendo resaltar las venas en el dorso de su mano—, pero mis emociones me destrozaron.

Rara vez mostraba una actitud tan frágil y directa frente a los demás. Nunca le gustó que le descubrieran debilidades, y jamás había tenido un punto débil. Pero ahora, todos en el barco conocían su talón de Aquiles.

Claro que, si esa debilidad era de cristal o de acero, ya nadie podía estar seguro.

Después de un rato, Melisa sintió tantas miradas curiosas sobre ella que empezó a sentirse incómoda.

Incomoda, le dio unas palmaditas en la espalda firme a Dani.

—Ya fue suficiente.

Dani logró calmarse a medias. La soltó, pero enseguida la tomó de la muñeca para llevársela a su oficina.

De paso, le dio una orden a sus subordinados con voz grave.

—Terminen de limpiar la zona y regresen con las pruebas.

De reojo vio a Dafne, que seguía arrinconada y hecha un asco. Hizo una pausa y agregó con naturalidad:

—Que el médico militar revise a la señorita Silva y prepárenle un camarote para que pueda bañarse.

Renato asintió y miró a Dafne.

—Yo la acompaño, señorita Silva. Muchas gracias por su esfuerzo.

Dani la atrapó con precisión, caminó hacia el escritorio, conectó la memoria a su computadora y pidió que la cocina les preparara algo de comer.

Dafne había grabado todo con una microcámara. El video había sido editado y organizado a propósito, de modo que Melisa nunca apareció en pantalla. Sin embargo, quedó registrado cómo Hugo traficaba con los órganos de los niños, las deplorables instalaciones médicas en el barco, las asquerosas caras de sus cómplices y el momento en que se toparon con los piratas somalíes y fueron asaltados.

La cadena de evidencia estaba limpia y fluida.

Incluso con las habilidades tecnológicas de Dani, era imposible recuperar la parte borrada para saber exactamente qué más había pasado.

Se quedó viendo la memoria USB por un rato.

Cuando el sonido del agua en el baño se detuvo, Melisa salió descalza, con el cabello mojado, usando una camiseta holgada y unos shorts. Un barco militar no era precisamente un hotel de lujo, así que no había pantuflas.

Dani señaló unos calcetines blancos sobre la cama.

—El piso está frío, ponte calcetines.

—Qué calor. —Melisa aventó la toalla, suspiró aliviada y, ya sintiéndose más fresca, su estómago empezó a gruñir—. ¿Hay algo de comer?

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