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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 358

—Qué idiota, con razón tuvo que hacer trampa en los exámenes públicos —murmuró alguien.

Los estudiantes de la clase de élite no tenían ninguna intención de adular a Yori. Con un par de frases dejaron muy claro que, por mucho que se hiciera pasar por una heredera, en el fondo seguía siendo una ignorante con ínfulas de grandeza a la que solo le importaba presumir.

Yori se puso verde de coraje. Su mirada se clavó en Melisa, que estaba junto al grupo de élite y, casualmente, también la estaba mirando. Yori apretó los puños. Ahora que esos sabelotodo se llevaban tan bien con Melisa, seguro ella los había puesto en su contra.

—Ya entendí, gracias por la explicación —dijo Yori, sentándose de golpe y tragándose la humillación.

Fue entonces cuando Dani aplaudió lentamente, mirando al estudiante de la clase de élite con aprobación.

—Cada una de tus respuestas fue muy acertada. Bien dicho. Si mañana no logras encontrar una tienda para dormir, yo personalmente te daré una.

Todos creían que Dani se pondría del lado de Yori, pero su inesperada reacción le ganó la simpatía de la clase de élite al instante.

—Eso de «cada una de tus respuestas fue muy acertada» sonó a pedrada directa; es como si también estuviera de acuerdo con el insulto a Yori —susurró un alumno.

Yori alcanzó a escucharlo y su rostro se ensombreció por completo.

Después de que se anunciaron las reglas, los estudiantes fueron al restaurante de la cabaña principal a cenar, preparándose para armar sus tiendas en cuanto terminaran.

Como maestra acompañante, Melisa cenó en el área reservada para el personal docente y los militares, mientras que los alumnos ocupaban otra sección.

El ambiente en el comedor era bastante relajado. Los maestros platicaban sobre la organización del campamento, las reacciones de los chicos y, poco a poco, la conversación derivó hacia sus vidas personales.

La profesora Fiona, una mujer muy alegre, le dio un sorbo a su sopa, miró a sus colegas y bromeó:

—Oigan, me acabo de dar cuenta de que en esta mesa puros «viejos» con familia. ¿Qué hay de los jóvenes? Profesor Paz, ¿escuché que acaba de comprometerse?

El profesor Paz asintió, sonrojado.

La mirada de Fiona se desvió con naturalidad hacia Melisa, que comía en silencio. La chica se veía jovencísima, pero después de su brillante demostración en el auditorio, se había ganado el respeto de todos.

Impulsada por la curiosidad, Fiona le preguntó con una sonrisa amable:

—Melisa, siendo tan joven, bonita y talentosa, ¿ya tienes novio?

Melisa dejó de mover la cuchara en su plato, levantó la mirada y, sin un gramo de pena, respondió con total naturalidad:

—Gracias por preguntar, profesora Fiona. Estoy soltera.

Renato, sin entender nada, respondió con un «Sí, señor».

Parecía que habían cometido un error imperdonable, pero al ver que no era nada grave, el ambiente se relajó. Andrés le pasó el brazo por los hombros a Renato y abrió la cajita, provocando burlas entre los militares.

—¡Ay, güey! ¿Galletas en forma de osito? ¿Qué muchacha te las dio?

—¡Qué egoísta! ¿Ibas a comerte todo esto tú solo?

—¡Yo no fui! —gritó Renato al verse acorralado—. ¡Ni siquiera me las quiero comer!

Él sabía perfectamente que esa caja de galletas cursis estaba llena del «amor» que Yori le había preparado a su coronel. ¡Ni loco se las comía!

Aprovechando la distracción, Dani se levantó con un movimiento ágil, agarró su silla de madera y caminó directo hacia la mesa de Melisa.

Los maestros se quedaron callados al instante, pasmados por la imponente presencia del coronel.

Dani actuó como si no notara la tensión. Su objetivo era claro: metió la silla en el minúsculo espacio que quedaba junto a Melisa y se sentó a su lado sin pedir permiso.

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