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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 699

El hombre estaba a su lado, cuidándola a una distancia prudente, siguiéndola de cerca con una mirada llena de ternura.

Después de jugar un rato, Melisa se sintió algo cansada; al fin y al cabo, el viaje improvisado hasta ahí, sumado a todo el trabajo que tuvo durante el día con la cena de Navidad, le había consumido mucha energía.

Su cuerpo flotaba en el mar, el agua ya le llegaba por encima de la cintura.

Dani nadó hacia ella y le rodeó la cintura para que pudiera apoyarse en él y descansar.

A lo lejos, el cielo estrellado parecía una enorme cúpula llena de diamantes que los cubría suavemente.

El mundo estaba tan silencioso que solo se escuchaba el sonido de las olas y sus respiraciones.

—¿Tienes frío? —preguntó él; su voz sonó particularmente profunda entre el ruido del mar.

—No —respondió ella, girando la cabeza para mirarlo.

Las gotas de agua resbalaban por su cabello corto, bajaban por sus mejillas de facciones marcadas y su cuello, hasta perderse en su pecho firme.

La luz de la luna lo envolvía en un halo frío, pero suavizaba los rasgos duros que solía tener.

Al sentir su mirada, él también volteó.

Sus ojos se encontraron.

Entre las olas y el brillo de las estrellas, esa agitación que habían reprimido a la fuerza en el estacionamiento volvió a extenderse y a hervir en silencio, en medio de ese entorno tan íntimo y tranquilo.

Todo alrededor se volvió borroso; solo quedaba el reflejo de las estrellas y la silueta del otro en sus ojos.

Dani se acercó lentamente, formando ondas en el agua con sus movimientos.

Los labios de Dani eran cálidos y suaves, delineando la forma de su boca con delicadeza, como si estuviera saboreando el tesoro más preciado del mundo.

Melisa tembló un poco y abrió los labios sin poder evitarlo, dándole la bienvenida a una exploración más profunda.

El mar sostenía sus cuerpos con suavidad, permitiéndoles abrazarse fuertemente mientras flotaban casi sin gravedad.

El beso se volvió largo y profundo, lleno de un amor intenso y un deseo ardiente.

Melisa le pasó los brazos por el cuello, pegándose más a él; podía sentir claramente los latidos de su corazón contra su pecho, tan desenfrenados como los de ella, y notaba los cambios en su cuerpo: los músculos tensos y la temperatura que subía cada vez más.

Todo dejaba en evidencia su excitación.

Las manos grandes del hombre recorrieron su espalda suave, mientras sus besos bajaban lentamente hacia su cuello delgado y sus clavículas marcadas, dejando un rastro húmedo y ardiente...

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