—Melisa, mi querida sobrina, de verdad me debes una disculpa —insistió Gaspar—. Mi esposa pudo haberse equivocado contigo en el pasado, pero yo no he hecho nada malo, ¿cierto? ¿De verdad vas a usar el peso de tu familia para pisotear a un hombre que se gana la vida honradamente para mantener a los suyos?
Su actuación fue tan convincente que se ganó la compasión de varios de los presentes. Sin embargo, más allá de los accionistas y directivos de Grupo NovaTec que salieron a atacar a Melisa, nadie más se atrevió a intervenir.
A fin de cuentas, cualquiera podía enfermarse en algún momento. Era preferible ofender a un empresario que a un médico, sobre todo a alguien a quien hasta las más grandes eminencias médicas respetaban.
—Tú lo haces por Grupo NovaTec, y yo también lo hago por Grupo NovaTec —respondió Melisa—. Hoy, cuando llegué a este terreno, me di cuenta de que todavía hay muchos restos de cerámica esparcidos por el lugar.
—Eso es completamente normal —atajó Gaspar—. Todo el mundo sabe que aquí solía haber una vieja fundición.
—Pero entre esos escombros hay fragmentos de antigüedades centenarias. Supongo que quedaron al descubierto cuando la fundición hizo excavaciones para expandirse hace años.
Melisa sacó de su bolso un pequeño pedazo de cerámica. Era el mismo que ella y Dani habían recogido la primera vez que notaron algo extraño en el terreno.
El momento en que mostró el fragmento captó de inmediato la atención de varios altos funcionarios del gobierno que habían asistido a la ceremonia.
La construcción de las sedes olímpicas no era un juego; si algo salía mal, el problema sería mayúsculo.
—¿La señorita Serrano insinúa que hay ruinas arqueológicas aquí abajo? —preguntó uno de los funcionarios acercándose.
Melisa no asintió, pero mantuvo su postura.
—No puedo garantizarlo, pero todo indica que sí.
Al ver que los funcionarios gubernamentales, quienes tenían la última palabra sobre la ubicación del proyecto, empezaban a involucrarse, a Gaspar y a la cúpula directiva de Grupo NovaTec se les heló la sangre.
—¿Desde cuándo eres arqueóloga, Melisa? ¿Cómo te atreves a decir semejantes locuras sin tener siquiera una certificación? Director Clemente, por favor, no escuche sus tonterías.
Gaspar se apresuró a dar explicaciones, usando un tono cargado de desdén.
—¿A fuerza tienes que fingir que eres todóloga, Melisa? ¿De qué te sirve mentir? ¿Solo por un par de pedazos de cerámica rota que encontraste tirados te atreves a asegurar que hay ruinas centenarias abajo y que no podemos excavar? ¡Es obvio que iba a haber pedacería vieja en una fundición! Haces todo esto porque te mueres de ganas de arruinar el legado que dejaron tus padres. Si supieran lo que estás haciendo, se retorcerían en su tumba.
Los accionistas y directivos a su alrededor lo secundaron de inmediato.
—¡El jefe tiene razón! ¡Señorita Serrano, al atacar al jefe está atacando el esfuerzo de sus padres! ¡Deje de decir mentiras!
—¡Exacto! ¡Todos nuestros permisos y estudios topográficos están en regla! ¿Acaso por sus caprichos van a aparecer unas ruinas mágicamente?
—¡Lo que pasa es que le arde el éxito de Grupo NovaTec y vino a hacer un berrinche! ¡Seguridad! ¡Acompañen a la señorita Serrano a la salida!

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