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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 710

Algunos de los empresarios presentes, que tenían cierta afición por las antigüedades, asintieron discretamente, considerando que las palabras de Melisa tenían sentido.

—Tiene razón, yo tengo varias piezas de colección en casa y lo que dice la señorita Núñez suena bastante lógico.

—¡Puras patrañas! —exclamó Gaspar, al ver que la situación se le escapaba de las manos, e interrumpió a gritos—. ¿Y porque se parece, ya es real? ¡Quién nos asegura que no trajiste un pedazo auténtico de tu casa solo para ensuciar el nombre de Grupo NovaTec!

—¡Seguridad! ¡Seguridad! ¡Echen a esta supuesta heredera ahora mismo! ¡Aquí no la queremos!

Los guardias se miraron entre sí, incómodos por la situación. Finalmente, uno de ellos dio un paso al frente y se dirigió a Melisa.

—Con permiso, señorita Núñez.

Justo cuando la mano del guardia estaba por agarrar el brazo de Melisa para sacarla a la fuerza, y ella se preparaba para zafarse, se escuchó una voz a espaldas de la multitud.

—¿Por qué están todos rodeando a mi hermana?

La voz de Orfeo resonó en el aire. La gente se apartó para abrirle paso, revelando a un hombre vestido con un traje gris plomo, quien caminaba a paso tranquilo junto a un hombre mayor.

Su tono y su rostro eran tan amables como siempre, pero en cuanto vio la mano del guardia aferrada al brazo de su hermana, su expresión se endureció. Aquellos ojos grandes ahora reflejaban un frío glacial.

—Suéltala.

No alzó la voz, pero sus palabras llevaban una presencia intimidante, como si pudiera congelar el aire a su alrededor.

El guardia, asustado por la mirada de Orfeo, aflojó el agarre por instinto. Melisa aprovechó para zafarse suavemente y se acomodó la manga.

—¿Cómo es que llegaste, hermano?

—Cancelaron mi conferencia internacional de último minuto, así que aproveché para venir con un viejo amigo. —Orfeo se paró frente a ella, cubriéndola con su cuerpo de forma sutil, y luego se dirigió a Gaspar—. Qué prepotente se ha vuelto el jefe. ¿Ya ni siquiera deja que mi hermana termine de hablar antes de echarla a la calle?

La abuela Durán, que había estado observando todo en silencio desde un rincón, cambió de expresión en cuanto vio al anciano que acompañaba a Orfeo.

—¡Es él!

Ángel también lo reconoció. Al fin y al cabo, los Durán eran ávidos coleccionistas de antigüedades, y la abuela poseía varias piezas de incalculable valor. En más de una ocasión habían recurrido a ese hombre para pedirle asesoría.

—Con esos hermanos protegiéndola, era imposible que Melisa se dejara pisotear —murmuró Ángel—. Al pobre de Gaspar el tiro le va a salir por la culata. Se metió en un callejón sin salida.

La abuela asintió, comprendiendo la gravedad del asunto.

—Me parece que ese complejo olímpico no se va a construir después de todo. Ya no tiene caso quedarnos a felicitar a nadie, preparémonos para irnos.

Gaspar respiraba agitadamente, lleno de coraje. Señaló a Orfeo y al anciano de traje sencillo y gafas gruesas.

—¡Orfeo! ¡Este es un evento privado de Grupo NovaTec! ¡Entras a la fuerza con un viejo cualquiera y encima te pones del lado de la persona que vino a arruinarlo todo! ¿Esa es la educación que les dan los Núñez?

—¡Sáquenlos! ¡Saquen a todos estos mentirosos alborotadores! —gritó Camila de inmediato—. ¡Quién sabe de dónde sacaron a este señor disfrazado para venir a decir locuras! ¡No les hagan caso! ¡El complejo olímpico se construirá en los terrenos A7 y A8!

El profesor Paco, a quien Gaspar y Camila tacharon de «mentiroso» y «viejo cualquiera», no se inmutó. Simplemente negó con la cabeza, mirando a la pareja con la lástima que se le tiene a los ignorantes.

Sin embargo, la abuela Durán, que estaba a punto de irse, no pudo soportar ver cómo humillaban de esa forma a una de las máximas eminencias en el mundo de la arqueología.

—¡Cállense la boca!

El grito furioso resonó entre la multitud.

La abuela Durán apartó la mano de Ángel, se apoyó en su bastón y caminó con paso apresurado hacia el centro del salón.

—¡Gaspar! ¡Camila! ¡Abran bien los ojos y fíjense con quién están hablando! —La voz de la anciana denotaba la autoridad de alguien que estaba acostumbrada a mandar. Se plantó junto al profesor Paco y, dirigiéndose a todos los presentes, en especial a los funcionarios del gobierno que ya tenían los rostros tensos, declaró con firmeza:

—¡Este hombre es el profesor Paco Fausto! ¡Él es...

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