En medio del murmullo general, quienes creyeron en las palabras de Melisa y el profesor Paco ya se habían alejado varios metros, aunque seguían observando desde la orilla por pura curiosidad. Por otro lado, quienes confiaban en Gaspar —especialmente los altos directivos que debían proteger a Grupo NovaTec y algunos empresarios que buscaban sacar tajada de la construcción del complejo olímpico— se quedaron plantados a su lado.
La multitud quedó dividida en dos bandos. Todos esperaron en silencio, y, al parecer, no había ninguna anomalía en el terreno.
Gaspar alzó la voz con soberbia.
—¡Se los dije! ¡No pasa nada! ¿Saben las pérdidas millonarias y el golpe que hubiera sufrido Grupo NovaTec si les hacíamos caso a sus mentiras?
Camila también aprovechó para señalar a Melisa y gritarle:
—¡Melisa! ¡Nos tienes tanto rencor que no estarás feliz hasta vernos muertos! ¡No puedo creer que seas una persona tan mala y resentida!
Gabriel la secundó de inmediato.
—A los que no confían en el futuro de Grupo NovaTec no se les quiere aquí. ¡Si tienen algo de dignidad, váyanse ya!
El profesor Paco frunció el ceño. Los guardias ya lo tenían agarrado de los brazos, y él intentó replicar.
—¡¡BOOOM!!
¡Un estruendo ensordecedor estalló desde las entrañas de la tierra, justo en el centro del salón!
Los asistentes sintieron cómo el suelo bajo sus pies se sacudía violentamente, ¡como si fuera un terremoto!
Un instante después, ante los ojos aterrorizados de la multitud, el área donde estaba montado el escenario con la lujosa alfombra roja, junto con varios metros a la redonda, se desgarró como si una mano invisible gigante la hubiera partido en dos, ¡y el suelo se hundió por completo!
¡Y ese era el centro de un banquete repleto de invitados!
En la zona del derrumbe estaban paradas decenas de personas de la alta sociedad, la mayoría ejecutivos de Grupo NovaTec o aliados de Gaspar.
Por haber confiado ciegamente, se habían quedado en el centro, convirtiéndose en las principales víctimas de la catástrofe.
Los gritos desgarradores se apagaron a medida que el suelo se los tragaba.
—¡Aaaah!
—¡Se cayó! ¡El suelo se hundió!
—¡Auxilio!
Una espesa nube de polvo grisáceo se elevó desde el cráter, arrastrando consigo un gas tóxico con un fuerte olor a azufre y vapores de mercurio. ¡La niebla venenosa se expandió a toda velocidad como si fuera una erupción volcánica!
¡El pánico se desató como pólvora! La gente olvidó por completo el protocolo y empezó a correr desesperada hacia las salidas, empujándose unos a otros. ¡Era un caos total!


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