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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 826

Los médicos y enfermeros encargados de preparar el cambio de habitación finalmente llegaron. Ayudaron a Teresa Manrique a levantarse, la sentaron en una silla de ruedas y la abrigaron con una manta gruesa. El obstetra principal, quien se acercó para saludar respetuosamente a Melisa Serrano, era una figura conocida para la embarazada y su esposo; lo habían visto en las pantallas informativas de la clínica. ¡Se trataba del director de obstetricia más prestigioso del hospital, alguien a quien no se podía ver sin una cita especial de meses de antelación!

Justo antes de ser trasladada, Teresa se dirigió al médico y le suplicó: “Doctor, por favor, yo pagaré el analgésico de esa señora. Como mujer, me rompe el corazón verla sufrir tanto”.

Las leyes actuales de medicina no exigían firmas de los familiares; mientras la paciente accediera a pagar, ella misma podía autorizar el procedimiento. El problema anterior radicaba en que la pobre mujer no poseía ni un centavo propio; todo dependía de su suegra y su esposo. Cuando Teresa costeó el sedante y el doctor se lo entregó a la paciente, esta firmó la autorización sin perder ni un segundo; luego, la mujer clavó una mirada furibunda en su propio esposo. “¡Me las vas a pagar! ¡Esto no se queda así!”.

Melisa sacudió la cabeza con pesar. Siempre se decía que el matrimonio no revelaba la verdadera cara de un hombre; tener un hijo era la verdadera prueba de fuego para descubrir si un marido era un ser humano digno o un auténtico demonio. Desafortunadamente, su tercer hermano aún desconocía por completo lo que estaba ocurriendo.

Bajo los cuidados del director de obstetricia y Melisa, Teresa no sintió pánico al entrar al quirófano. Simplemente tomó una gran bocanada de aire, miró a Melisa a los ojos y afirmó con firmeza: “Si algo se complica, mi vida es la prioridad. Y con el bebé... que se haga lo que se pueda”.

Por mucho amor que le tuviera a la criatura que crecía en su vientre, para Teresa su prioridad absoluta siempre sería su madre, quien la aguardaba pacientemente en casa con la esperanza de verla regresar con su título universitario.

Ya había perdido a su padre; no podía permitir que su madre se quedara completamente sola.

La mirada de Melisa reflejó una gran tranquilidad. “No te preocupes. Ambas estarán bien”.

La posición de la bebé de Teresa, efectivamente, no era la más adecuada. La placenta, además, estaba firmemente adherida al útero, lo que requería una minuciosa separación manual. El menor error podía desembocar en una hemorragia catastrófica.

Si ese tipo de intervención hubiera caído en manos de cirujanos menos competentes, la situación habría terminado en un desastre fatal. Por suerte, gracias a las prodigiosas manos del equipo de Melisa, la bebé de Teresa nació en perfectas condiciones de salud.

“Es una niña preciosa”.

Melisa tomó a la recién nacida en brazos, se la presentó a la exhausta madre y no pudo evitar hacerle unas suaves carantoñas a la pequeñita. “Tiene un llanto de lo más fuerte, rebosa vida”.

El gigantesco peso que Teresa cargaba en sus hombros finalmente desapareció.

“¡Mi niña hermosa!”.

La mamá de Teresa, aferrada a su bolso, apareció en el umbral de la habitación. Al cruzar sus miradas, ambas rompieron a llorar.

Teresa, sumamente asombrada, dirigió su vista hacia Melisa. “Pensé que este era el instante en el que más necesitarías apoyo, y no hay nadie en quien confíe más que en tu propia madre. Además, supuse que morías de ganas por verla”, explicó Melisa con calidez.

Las lágrimas brotaron desenfrenadas por las mejillas de la joven. “Melisa, eres un ángel. No tengo cómo pagarte por todo lo que has hecho por mí”.

Melisa le limpió las lágrimas con ternura. “No llores. Te necesito fuerte y de regreso en casa para seguir diseñando las mejores colecciones para Comercial Novierra”.

Teresa asintió, con el rostro bañado en llanto. Su madre conversó de manera breve y afectuosa con Melisa. Al agradecerle de nuevo, de pronto recordó: “Falta muy poco para su gran boda. Ruego que esto no haya interrumpido sus preparativos para algo tan importante”.

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