Entrar Via

ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 830

Habían transcurrido apenas unas horas desde lo sucedido; por supuesto que aún estaban a tiempo. Melisa Serrano se puso en contacto tanto con los Núñez como con Vicente Guerrero, activando cada contacto que poseía en el bajo mundo y las redes clandestinas de información.

Las cosas avanzaron con rapidez, pero alguien en las sombras operaba con mayor presteza y sigilo.

El Fondo Patrimonial Alcázar, en defensa de Dani Soto, había desplegado todos sus recursos para ocultarlo sin dejar un solo rastro.

Al mediodía del día siguiente, la tensión era máxima.

Tras haber presionado cada palanca y extorsionado a todos los contactos posibles, finalmente localizaron el paradero de Dani.

Pero el informe que Fabio trajo consigo traía las peores y más nefastas noticias imaginables.

“El jefe partió ayer a las cinco de la tarde en un helicóptero, con el uniforme completo y su equipamiento táctico. Sin embargo... la aeronave se estrelló al mediodía de hoy en el Desierto de Poniente. El aparato se destruyó al instante y estalló en llamas. Todos los tripulantes, diez soldados en total, perecieron calcinados”.

Al caer esa última palabra, el estudio se hundió en una asfixia tan intensa que parecía haber absorbido todo el oxígeno de la habitación.

La taza que Vasco Soto sostenía en la mano se desplomó contra la alfombra con un estrépito sordo, y el té hirviendo formó una mancha oscura. El anciano se levantó de golpe, pero su vista se nubló de inmediato. Empezó a tambalearse y tuvo que ser sostenido firmemente por su mayordomo. Su pecho se agitaba de forma violenta y sus labios temblaban, incapaces de articular palabra. Sus ojos, antes llenos de resolución, ahora estaban desorbitados por un pánico irracional. “¡No puede ser posible!”.

Leopoldo Núñez también quedó paralizado ante semejante tragedia. “¡Es absurdo! ¡Es imposible que un muchacho tan brillante cometa un error como ese!”. Lo que más le aterraba era lo que esta desgracia significaría para su adorada nieta.

Los tres hermanos Núñez, que también se hallaban presentes, consideraron todo el asunto como un disparate total.

Mateo Núñez habló con un tono grave: “Melisa, aquí hay gato encerrado. Dani era alguien sumamente cauteloso; no moriría por un accidente de pacotilla”.

Orfeo Núñez la observó lleno de preocupación. “Te aseguro que está vivo. Es evidente que hay una mano negra moviendo los hilos”.

Nicanor Núñez estaba completamente confundido. “Pero ¿acaso no se habían solucionado ya todos los problemas? ¿Quién tendría motivos para acabar con él?”.

Todas las miradas, cargadas de infinita cautela, recayeron sobre Melisa, quien permanecía de pie en el centro de la sala.

No se movió ni un milímetro. En su rostro no había lágrimas ni signos de histeria; ni siquiera el más mínimo esbozo de emoción.

Pero, al oír la noticia, sus pupilas color ámbar se contrajeron de forma violenta, antes de sumergirse en un abismo gélido e insondable.

Estaba tan serena que su apacibilidad ponía los pelos de punta.

En medio de ese silencio paralizante, la gigantesca pantalla de la sala principal terminó de emitir la pausa comercial y conectó directamente con el canal de noticias militares.

El presentador, adoptando un tono solemne y fúnebre, anunció: “El coronel más joven y condecorado de nuestra nación, el gran héroe Dani Soto, quien acababa de retornar victorioso a nuestro país, perdió la vida hoy al mediodía mientras cumplía una misión de máxima confidencialidad. Debido a una falla mecánica letal, la aeronave en la que viajaba se desplomó sobre el Desierto de Poniente, resultando en un final trágico. El señor Presidente de la República expresa su más sentido pésame...”.

Mientras transcurría el reporte, se proyectó un video borroso captado, al parecer, por un dron de gran altitud o un satélite. Mostraba el vasto e interminable océano de arena del desierto, y un pequeño punto negro precipitándose vertiginosamente. Segundos después, la imagen estalló en un violento fogonazo anaranjado, seguido por una espesa columna de humo negro.

Al cabo de un rato, la voz de Fabio interrumpió la espera, cargada de una tensa emoción: “¡Jefa, lo conseguí! Dani entró a la oficina del Presidente ayer a las 3:47 de la tarde. Salió de allí a las 4:22. Estoy enlazando la señal de las cámaras directamente a la pantalla principal”.

Fabio partió la pantalla por la mitad y exhibió los dos videos en alta definición en la enorme televisión de la sala.

Las secuencias se repetían, una y otra vez.

En poco tiempo, Fabio y Melisa, quienes conocían a Dani mejor que nadie, percibieron una extraña inconsistencia.

“Miren esto de aquí”, señaló Melisa, enfocando la imagen en las muñecas del individuo que salía de la oficina. “Lleva las mangas remangadas”.

“¿Y qué tiene de raro eso?”, cuestionó Nicanor.

Con el rostro inmutable, Melisa respondió: “Dani tiene bastantes cicatrices en las muñecas; marcas de cuchillos y rasguños profundos. Hay una en particular, hecha por un corte tan profundo que los puntos de sutura dejaron bordes disparejos en la piel. Sin embargo, este hombre no tiene ni una sola cicatriz”.

A simple vista, era el mismo hombre: altura, postura, gestos y rostro idénticos. Pero Melisa, quien había compartido el lecho con él en los momentos más íntimos, conocía cada centímetro de su piel a la perfección.

Los ojos apagados del anciano Vasco Soto se encendieron con un brillo de esperanza.

¡Lo que significaba que la persona que había salido de la oficina presidencial, no era, bajo ninguna circunstancia, Dani Soto!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA