La gala exclusiva del Fondo Patrimonial Alcázar comenzaba a las ocho de la noche en punto.
Melisa llegó a la hora acordada. Caminó hacia la entrada principal y, justo cuando iba a entregar su invitación falsificada, el guardia la reconoció al instante. Tomó la tarjeta con una sonrisa respetuosa.
—Señorita Serrano, bienvenida. El señor Aguirre me dio instrucciones estrictas de acompañarla al mejor asiento del salón.
Melisa alzó una ceja, siguiéndolo hacia el interior.
—Así que sabía que vendría.
—El señor dijo que no existe fuerza en el cielo ni en la tierra capaz de impedirle la entrada a un lugar, así que prefirió abrirle las puertas con honor.
—¿Y no le da miedo que destruya su fiesta?
El guardia sonrió con cortesía, pero con un tono de falsa lástima.
—No podrá hacerlo. Lo que vino a buscar, ya no le pertenece.
A Melisa la ubicaron en la primera fila de la zona VIP, rodeada por la élite absoluta de Alcázar y multimillonarios excéntricos. Algunos se acercaban con copas de champán para saludarla por compromiso.
Un empresario mayor la miró con aire misterioso.
—Señorita Serrano, no debió venir. Aquí no encontrará lo que busca.
—¿Por qué lo dice?
El hombre suspiró.
—Lo que el señor Aguirre quiere, nadie se lo quita. Esta noche es el debut en sociedad de la Princesa de los Aguirre.
—¿Y eso qué tiene que ver?
—La razón del debut es anunciar su compromiso oficial.
Los ojos de Melisa destellaron. Ya entendía el juego sucio que le habían preparado.
Los minutos pasaban lentos y pesados. Melisa mantenía la espalda recta, con una mano apoyada sutilmente sobre su vientre. El murmullo del salón parecía llegarle desde debajo del agua; lo único que escuchaba con claridad era el latido frenético de su propio corazón.
Sonó una campana lejana. Era la hora.
Su mirada se clavó en la cima de la gran escalera alfombrada de rojo y en las pesadas puertas talladas que la coronaban.
Las puertas se abrieron lentamente.
Estela Aguirre apareció primero. Llevaba un vestido de diseñador color plata, con el cabello recogido para lucir su largo y elegante cuello. Sus manos se aferraban posesivamente al brazo del hombre que caminaba a su lado.
Entonces, él salió de las sombras.
Los focos lo iluminaron al instante.
A pesar de apoyarse en un bastón de metal, su porte seguía siendo imponente y dominante. Llevaba un traje oscuro de corte impecable que resaltaba la anchura de sus hombros. Pero su rostro...
Estaba mucho más pálido y delgado que en los recuerdos de Melisa. Su mandíbula estaba tensa, rígida. Sus ojos barrieron a la multitud sin enfocarse en nadie, como si todos los presentes fueran fantasmas.
Dani siempre había sido un hombre frío, pero nunca había lucido tan vacío, tan desprovisto de alma. Era escalofriante.
La respiración de Melisa se detuvo en seco.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA