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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 849

Dani dio un par de pasos, se detuvo y respondió sin siquiera molestarse en voltear:

—Eso no es asunto tuyo. Lo único que me interesa es que utilices tus habilidades al máximo y encuentres la manera de extraer esa porquería de mi cabeza.

Si el chip no lo había matado aún, era en parte por la interferencia de la toxina nerviosa en su sistema, y, sobre todo, por el efecto supresor de la Menta Andina. Siempre y cuando no perdiera el control de sus emociones y reprimiera su sed de venganza, no iba a morir.

Después de todo, ese chip era una copia barata. ¿Cómo iba a compararse con la obra maestra tecnológica que había diseñado su propia esposa?

La puerta del auto se abrió y se cerró de un portazo.

El lujoso vehículo se alejó lentamente, dejando solo la estela borrosa de sus luces rojas traseras perdiéndose en la cortina de lluvia de la madrugada.

Hansel se quedó plantado allí. El agua lavaba su rostro, pero era incapaz de borrar la perturbadora expresión que se había dibujado en sus facciones.

Se quedó inmóvil por mucho, mucho tiempo.

Solo cuando la tormenta amainó y los primeros rayos grises del amanecer despuntaron en el horizonte, su cuerpo entumecido se obligó a caminar.

Por otro lado, en el auto oscuro aparcado en un estacionamiento subterráneo, Dani estaba recargado en su asiento con los ojos cerrados.

De pronto, alguien tocó el cristal. Fabio le deslizó una bolsita con unas pastillas sospechosas y le dijo con tono bromista: —Jefe, esto tiene un efecto muy fuerte en el sistema nervioso. Úsalo con muchísima precaución.

Dani tomó las pastillas con indiferencia. —¿Estás seguro de que tu plan funcionará?

Fabio soltó una carcajada. —Las mujeres mimadas como Estela que nunca han sufrido un rechazo, se mueren por la estrategia de "una de cal y otra de arena". Confía en mí, jefe, me la pasé investigando esto por horas.

Durante los días siguientes, Dani siguió al pie de la letra el plan de Fabio y se transformó en un hombre completamente distinto.

Comenzó a frecuentar eventos exclusivos de la alta sociedad, siempre rodeado de mujeres hermosas: herederas de imperios corporativos, modelos de revista, e incluso exhuberantes mujeres en bares de lujo.

Y, como por arte de magia, Estela "casualmente" lo descubría en varias ocasiones.

La primera vez fue en el salón vip después de una subasta de arte. Dani estaba recostado en el sofá, mientras una deslumbrante mujer con un vestido rojo se apretaba contra él, riendo a carcajadas. El brazo de Dani descansaba sobre el respaldo del sofá, justo detrás de ella, en una pose de intimidad que quemaba la vista.

Estela, parada en la entrada, apretó su copa de champán con tanta fuerza que casi la hizo estallar en pedazos.

Dani la vio, pero apenas asintió fríamente con la cabeza antes de seguir charlando y riendo con su acompañante.

Esa misma noche, Estela irrumpió como un huracán en la habitación de Dani.

—¡Dani Soto! ¡¿Quién demonios era esa mujer?!

Dani, que se estaba quitando la corbata, volteó a verla con la mirada más fría y vacía del mundo. —Una socia comercial.

—¡¿Y desde cuándo los socios comerciales tienen que estar pegados a tu cuerpo?!

Dani la ignoró y continuó aflojándose la corbata.

Estela temblaba de furia, pero la apática indiferencia de Dani la desarmaba por completo; no tenía de dónde agarrarse para hacer un escándalo. Y lo peor era que, si él estuviera traicionándola, el chip ya lo habría castigado. Pero él estaba intacto.

—¿Hansel? —soltó Dani con ironía—. ¿Cuántas veces te acostaste con él?

—¡Eso quedó en el pasado! ¡¿Por qué tienes que sacarlo a relucir ahora?! —chilló Estela, sintiendo que le echaban en cara sus errores.

Dani no respondió. Simplemente apartó la mirada y observó por la ventana.

—¡Sigues enamorado de Melisa, ¿verdad?! —soltó ella, envenenada por los celos—. Me dices que te pones celoso, pero en la realidad, ¡ni siquiera me dejas entrar a tu cuarto! ¡No puedes hacerme el amor! Eres peor que un juguete sexual, ¡ni siquiera me satisfaces y encima pretendes prohibirme que busque consuelo por otros lados!

El rostro de Dani se convirtió en una máscara de hielo puro. De repente, gritó: —¡Detén el auto!

El chofer frenó bruscamente frente a un lujoso y extravagante hotel cinco estrellas.

Dani bajó del vehículo, tomó a Estela del brazo, la arrastró al interior del hotel y pidió directamente una tarjeta en recepción.

Estela lo miró estupefacta. —¿Reservaste una habitación aquí?

—¿No te estabas muriendo por hacerlo?

Dani abrió la puerta y la empujó hacia adentro.

Al encender las luces, el lugar era un paraíso de pasión: la cama estaba cubierta de pétalos de rosas rojas, y había globos, ramos de flores y decenas de velas aromáticas.

Estela se quedó sin aliento. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Muchos hombres le habían preparado esas cursilerías, pero que Dani se lo hiciera causaba un impacto arrollador en su corazón.

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