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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 850

—¿No te la pasas exigiendo que te demuestre que te amo y que te deseo?

Dani se acercó, levantó la mano y le acarició la mejilla.

Su mirada era tan tierna y devota que la dejó hipnotizada.

El corazón de Estela comenzó a latir desbocadamente. ¿Acaso por fin iba a demostrarle lo que sentía?

—Estos días... —murmuró él con voz ronca— te he hecho sufrir.

A Estela se le volvieron a humedecer los ojos. —No me importa.

Dani apartó la mano, se dio la vuelta y encendió una de las velas aromáticas. Una fragancia sutil, dulce y empalagosa, que ella jamás había olido, inundó la habitación.

De inmediato, Dani apagó la luz principal, la empujó suavemente contra la cama y le vendó los ojos con la corbata que se acababa de quitar. Luego se levantó y ella escuchó cómo se desabrochaba los botones del traje, uno por uno.

En la penumbra y con los ojos vendados, Estela no podía verlo, pero el inconfundible sonido de un hombre desvistiéndose disparó sus hormonas a un nivel casi salvaje.

Su cuerpo entero empezó a arder. —Dani... —gimió su nombre, con una voz a punto de derretirse—. ¿Ya estás listo?

No hubo respuesta.

Pero sintió cómo el peso de alguien hundía el colchón. Una respiración ardiente chocó contra su cuello. Estela se estremeció e instintivamente levantó los brazos para abrazarlo, pero una mano fuerte y gruesa le inmovilizó las muñecas.

Era una mano ardiente, casi hirviendo.

El corazón de Estela latía con tanta fuerza que parecía a punto de reventar.

Entonces, la mano comenzó a descender; trazó el perfil de su clavícula, acarició su hombro y finalmente se aferró a su cintura.

—Dani... —suplicó de nuevo, ya desesperada por el deseo.

No hubo palabras en respuesta. Unos labios húmedos comenzaron a besar febrilmente la curva de su cuello...

Así que sentirse tocada por Dani era así de maravilloso.

Nunca se había sentido tan hambrienta por el cuerpo de alguien. Abrazó apasionadamente la cabeza del hombre, completamente consumida por la lujuria. En el frenesí, la corbata que cubría sus ojos se resbaló. En la oscuridad total de la habitación, no era capaz de distinguir las facciones del hombre que estaba sobre ella. Con la mirada perdida por el éxtasis, no paraba de gemir su nombre, frotándose y acariciándolo con desenfreno.

Hansel bajó la vista para contemplar a la mujer que tenía debajo.

Ella lo miraba con ojos empañados por el deseo, sus pestañas temblaban y su rostro estaba cubierto por un rubor antinatural causado por la droga en la vela, mientras suplicaba el nombre de otro hombre.

El cuerpo de Estela se enredaba en él como una enredadera salvaje, apretándolo tan fuerte que apenas lo dejaba respirar.

A Hansel le dieron ganas de reír a carcajadas.

Capítulo 850 1

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