Con las manos temblando por la ansiedad, Estela Aguirre esperó el resultado de la prueba de embarazo.
Dos rayas rojas aparecieron claras como el agua.
¡Estaba embarazada!
Desesperada por compartir la noticia con Dani, no pudo esperar ni un minuto más y fue directamente a su oficina.
En ese momento, Hansel Salgado y Dani estaban revisando documentos ultra secretos de clientes del Fondo Patrimonial Alcázar.
Cuando Estela irrumpió, ambos la miraron con expresiones sombrías.
Pero Estela estaba eufórica y con las mejillas sonrojadas, actuando de una manera muy diferente a su habitual frialdad.
Sin importarle la presencia de Hansel, se sentó sobre las piernas de Dani.
—Mi amor, esta noche tienes que invitarme a cenar. Tengo el mejor regalo del mundo para ti.
En el momento en que ella se sentó sobre él, el estómago de Dani se revolvió.
Al mirar el delicado cuello de la mujer, su primer instinto fue querer ahorcarla hasta la muerte.
—Estoy muy ocupado —la evadió—. Tendrá que ser otro día.
—¿No puedes hacer un pequeño espacio solo para mí?
—Tu padre está a punto de dejarme el control de la División Continental del Pacífico. Quiero hacer las cosas bien —respondió él con tono neutro—. Para cenar tendremos el resto de nuestras vidas.
Pero la emoción de Estela era incontrolable.
Sacó la prueba de embarazo y se la puso frente a los ojos.
—¡Estoy embarazada! ¿Te parece suficiente motivo para celebrar juntos esta noche?
—¿Embarazada?
La voz que se quebró antes fue la de Hansel.
La mirada de Estela se volvió gélida al instante.
—¡Un perro debería saber cuándo salir y vigilar la puerta!
Los puños de Hansel crujieron.
Tragándose la tormenta de furia y dolor que lo destrozaba por dentro, retrocedió con el rostro ensombrecido.
Dani, en cambio, curvó los labios en una sonrisa cargada de un sarcasmo que ella no notó.
Cuando lo insultaba de esa forma, ¿acaso no pensaba que el hijo que llevaba en el vientre era de ese mismo "perro callejero"?
Estela rodeó el cuello de Dani con los brazos y le susurró mimosa:
—No te preocupes, este bebé es tuyo. Eres el único padre.
La sonrisa de Dani no llegó a sus ojos.
—Cancelaré mis reuniones para celebrar contigo esta noche.
Estela sintió que su vida por fin era perfecta.
Acariciando su vientre plano y apoyada en el pecho del hombre, suspiró:
—Jamás pensé que podría ser tan feliz. Siento que tengo el mundo a mis pies. Todo es absolutamente perfecto.
Los ojos de Dani estaban fríos como el hielo.
—¿De verdad?
Sin notar nada, ella asintió.
—Supongo que nací con suerte. Siempre habrá alguien que me ame.
Dani soltó una risa seca.

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