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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 863

Su hija, su imperio, todo lo suyo, se derrumbó en ese instante.

Abrió la boca para decir algo, pero descubrió que no le salían las palabras.

Dani se volvió hacia la cámara.

En ese rostro siempre frío e implacable, apareció por fin un rastro de calidez.

Habló, sin alzar la voz, pero con una claridad que llegó a los oídos de todos los que miraban la transmisión:

—Hoy no estoy aquí por poder, ni por dinero, y mucho menos por el Fondo Patrimonial Alcázar.

Hizo una pausa y una leve sonrisa se dibujó en sus labios:

—Hice todo esto únicamente por mi esposa y mi familia.

—Solo tengo una esposa, y su nombre es Melisa Serrano.

—Ella es el único amor de mi vida. Desde el pasado, hasta el presente, y hacia el futuro... para siempre.

—Durante estos días fui obligado a alejarme de ella, obligado a olvidarla y obligado a pararme junto a otra mujer. Pero mi corazón nunca la traicionó.

Respiró hondo y miró fijamente a la cámara, como si pudiera atravesar la pantalla y ver a la persona que no dejaba de ocupar su mente:

—Mi amor, si me estás viendo...

—Espérame, voy a casa.

En la sala de juntas, se hizo un silencio absoluto.

De pronto, alguien comenzó a aplaudir.

Al principio fueron unos pocos aplausos, pero luego se hicieron más fuertes, más apasionados, hasta convertirse en una ovación atronadora.

Los mismos accionistas que antes se mantenían al margen, ahora miraban a Dani con una mezcla de respeto, admiración y una emoción indescriptible.

Mientras tanto, Estela, aún tirada en el suelo, escuchó los aplausos y las palabras de Dani. Fue como si le quitaran la última pizca de fuerza que le quedaba; se desvaneció por completo.

Hansel se agachó y la levantó en brazos.

Ella no lo empujó.

Dani siguió caminando.

Al abrir las puertas de la sala de juntas, cientos de flashes se dispararon. Los periodistas se abalanzaron, mientras los guardaespaldas hacían un gran esfuerzo por contenerlos.

Dani no se detuvo.

Simplemente levantó la vista hacia la ventana al final del pasillo.

El sol de la tarde brillaba con fuerza.

Había ganado.

Y sonrió.

Esa sonrisa, captada por las cámaras, era increíblemente deslumbrante.

En ese mismo momento, en alguna habitación lejana, Melisa Serrano miraba la transmisión en la pantalla y una suave sonrisa iluminó su rostro.

—Tontito —murmuró ella con ternura.

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