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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 878

—Señora, por favor quédese donde está.

—No, escúcheme, tienen que saber... —intentó decir Teresa.

Pero otro de los oficiales ya estaba entrando al edificio con sus compañeros.

Teresa quiso ir tras ellos, pero la detuvieron. No le quedó de otra que ver cómo los uniformados irrumpían en las escaleras.

Desde arriba comenzaron a escucharse ruidos de forcejeos y voces altas.

Unos minutos después, Nicanor bajó escoltado por dos policías, con las manos esposadas a la espalda. Su rostro no mostraba absolutamente ninguna emoción; de hecho, parecía aterradoramente tranquilo.

Felipe bajó poco después, arrastrado por otros dos agentes. Parecía un bulto sin huesos, sus brazos derecho e izquierdo colgaban en ángulos antinaturales, y de su boca brotaba un hilo de sangre mezclado con saliva que goteaba por el piso.

La madre de Felipe iba justo detrás, armando un escándalo de proporciones bíblicas: —¡Ay, mi muchacho! ¡A mi pobre hijo me lo dejaron hecho pedazos! ¡Dónde está la ley en este país!

Al ver el estado en que había quedado Felipe, Teresa no solo no se sorprendió, sino que su expresión mostró un evidente suspiro de alivio.

Había estado muerta de miedo de que Nicanor perdiera el control y lo matara.

La señora, mientras sostenía a su hijo a duras penas, notó el cambio en la expresión de Teresa. De por sí, nunca le había agradado esa mujer; la veía como una cualquiera, una mujer abandonada que encima cargaba con una hija de sobra. Pero su precioso hijo estaba empecinado con ella, y miren nada más el problemón en el que se habían metido por su culpa.

Sintiendo que ya no podía aguantar más, la mujer apuntó su dedo directamente a la cara de Teresa y le gritó: —¡Todo esto es tu culpa! ¡Eres una cualquiera, una robamaridos! Mi hijo tiene un buen trabajo en una empresa grande, un futuro brillante por delante. Cualquier mujer decente e independiente estaría feliz de salir con él. ¡Pero no! Tú tenías que venir a enredarlo, a calentarlo para no darle nada. ¡Apuesto a que ese tipo es tu exmarido, el violento!

La señora luego apuntó hacia Nicanor, furiosa: —¡Maldita resbalosa, jugando a dos bandos! ¡Mi hijo solo te ayudaba por lástima, y le pagas trayendo a tu ex para que lo muela a golpes! ¡Les juro que los voy a demandar! ¡Los voy a dejar en la calle!

Ante las miradas y murmullos de los vecinos, Teresa apretó los labios con fuerza. Sabía que no valía la pena intentar razonar con una señora en ese estado; cualquier palabra suya solo empeoraría la situación.

Nicanor se detuvo en seco.

Los dos policías tiraron de él con fuerza, pero fue como intentar mover una montaña: no cedió ni un centímetro. Se quedó plantado allí, giró la cabeza y clavó sus ojos inyectados en sangre en la anciana.

—¿Qué acaba de decir?

La voz no fue alta, casi podría decirse que fue serena. Pero el frío sepulcral que emanaba de cada palabra hizo que a todos los presentes se les helara la sangre.

Ante esa mirada, la señora dio un paso atrás, asustada, pero enseguida volvió a sacar pecho. Al fin y al cabo, tenía a los policías detrás y estaba rodeada de vecinos. ¿De qué iba a tener miedo?

—¡Dije que es una cualquiera! —chilló la señora aún más fuerte, señalando a Teresa—. ¡Cargando con ese estorbo de niña, provocando hombres por todas partes! Mi pobre hijo debe haber estado ciego para fijarse en ella...

—Repítelo.

Nicanor la cortó de tajo.

Su tono seguía siendo el mismo, igual de tranquilo, pero dio un paso al frente. El movimiento repentino hizo tambalear a los oficiales, y uno de ellos llevó la mano por instinto a su arma reglamentaria.

A la señora se le cortó la voz de golpe. Se quedó con la boca abierta, pero no salió ningún sonido.

Porque Nicanor estaba sonriendo.

Capítulo 878 1

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