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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 889

—Esa mujer no es más que una simple aventura de Nicanor Núñez. Un pasatiempo sin importancia. ¿De verdad vas a dejar que alguien como ella te quite el sueño, Gisela?

Un grupo de chicas de la alta sociedad, vestidas con marcas de diseñador, conversaban animadamente en el salón privado. En el centro, destacaba una mujer con un traje de alta costura, sosteniendo un cigarrillo entre los dedos. Su belleza era asombrosa.

—¿Creen que ella puede ser más hermosa que Gisela?

—Ni en sueños. Vi fotos de ella cuando estaba en la escuela. Es de lo más común y corriente, tiene cara de muerta de hambre.

—Entonces, ¿por qué te preocupas tanto, Gisela? Nicanor tendría que haber perdido la cabeza para enamorarse de ella.

Al escuchar eso, Teresa no pudo evitar soltar una leve risa. Como la puerta no estaba cerrada del todo, Gisela la vio de inmediato. Sin embargo, antes de que pudiera decir una palabra, Teresa ya se había dado la vuelta y retomaba su camino.

Gisela se levantó de inmediato y salió tras ella. Logró alcanzarla justo antes de que Teresa subiera a su auto.

—Señorita Manrique.

Teresa se detuvo, se giró hacia ella y, con una calma imperturbable, respondió:

—Si viniste a amenazarme o a advertirme que me aleje, ahórrate el discurso. Nicanor definitivamente perdió la cabeza cuando tuvo un amorío pasajero conmigo hace años.

Gisela se quedó de piedra. No esperaba que aquella mujer fuera tan directa y segura de sí misma.

—Mis amigas no tienen filtro al hablar, te pido disculpas —dijo Gisela, extendiéndole una tarjeta de presentación—. Hace poco me enteré de que mi madre planeaba mandar a hacer unos vestidos de gala en Comercial Novierra, y ya sabía que eras la diseñadora estrella que acaba de volver. Quizás hasta podamos ser amigas.

Teresa miró el nombre en la tarjeta. Qué pequeña es la vida. Resultaba que la clienta más temida y odiada de la empresa no era otra que la madre de esta heredera millonaria.

Aceptó la tarjeta con cortesía y le entregó la suya a cambio.

—Mañana tendremos una pequeña reunión familiar en mi casa. ¿Te gustaría venir por la mañana a tomarle las medidas a mi madre y discutir con ella algunas ideas para el diseño? ¿Qué te parece? —ofreció Gisela.

Teresa estaba desesperada por encontrar una oportunidad para acercarse a la señora Larios. No le importaba si esta mujer tenía segundas intenciones; era una oportunidad que no podía dejar pasar.

—Allí estaré sin falta —aceptó Teresa de inmediato.

Gisela sonrió.

—Perfecto. Debo volver, estoy esperando a que Nicanor pase a recogerme. No te quito más tiempo.

Teresa asintió con la cabeza. Poco después de que subió al auto y el motor arrancó, pudo ver por el espejo retrovisor cómo un sedán negro se detenía justo al lado de Gisela. Un hombre bajó con pasos largos y decididos. Era, sin lugar a dudas, Nicanor Núñez.

—¿Qué le estabas diciendo a Teresa? —preguntó el hombre sin rodeos. Evidentemente había presenciado la escena desde lejos, y su tono frío y desafiante hizo que el corazón de Gisela diera un vuelco. Aún así, ella sonrió.

—¿Por qué tan nervioso? ¿Crees que me la iba a comer viva?

Nicanor clavó sus ojos en ella con frialdad absoluta.

Gisela rara vez lo veía así. Significaba que estaba verdaderamente furioso. Así que se apresuró a explicarse:

—Descubrí que es la nueva diseñadora de mi madre. La invité a nuestra casa mañana por la mañana. ¿Quieres venir?

Gisela soltó una carcajada ligera.

—Te estoy haciendo el favor de tu vida, ¿y así me agradeces?

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