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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 932

Fue una noche de absoluta locura.

Al despertar, Nicanor estiró el brazo instintivamente hacia su lado, pero solo abrazó el vacío.

Abrió los ojos de golpe. —¿Teresa?

La habitación estaba completamente sola. Se puso rápidamente la bata, sin molestarse siquiera en usar zapatos, y salió corriendo para golpear la puerta de al lado. Nadie respondió, y su expresión se ensombreció de inmediato.

En ese instante, mil posibilidades pasaron por su mente: ella había conseguido lo que quería y había huido. Lo había vuelto a dejar.

—¿Qué estás haciendo?

Teresa, con unas bolsas de desayuno en las manos, frunció el ceño al ver al hombre despeinado y a medio vestir de pie frente a la puerta.

Nicanor se giró y al ver que ella venía ayudando a Ximena a caminar, su expresión lúgubre se relajó de inmediato. —Pensé que después de lo de anoche ibas a hacer como si no me conocieras.

Ximena, que venía apoyada en unas muletas, los miró completamente en shock. Sin embargo, tuvo el tacto suficiente para tomar su desayuno de las manos de Teresa y decir: —Me voy a mi cuarto. Cuando empaque mis maletas salimos para el viaje.

Teresa se acercó a Nicanor. —Fui a buscar a Ximena y aproveché para traer el desayuno. ¿Vas a comer o no?

—Sí. —Nicanor sonrió y la siguió de vuelta a la habitación.

—Entonces... ¿ya nos reconciliamos? —preguntó él en tono muy cauteloso.

Teresa le lanzó una mirada de reojo. —Estás a prueba.

Nicanor tomó un sorbo de café y volvió a preguntar: —¿Tienes pensado decirle a Lulú que soy su papá?

—No —Teresa negó con la cabeza—. Eso ya lo hablaremos después.

De este modo, la relación entre ambos entró en un delicado "período de prueba".

De regreso en Santa María, Dora Manrique aún no sabía qué había sucedido realmente en Linares. Solo sabía que en la llamada que había recibido de Mariano Mendieta, este le dijo que no era digno de su hija y le colgó sin darle tiempo de preguntar nada más.

Dora creyó que Nicanor había vuelto a amenazar a Mariano. Por eso, en cuanto Teresa puso un pie en la casa, le recriminó furiosa y angustiada: —¡Por qué Nicanor tiene que ser así! ¡La señorita Serrano me prometió que él no iba a meterse en este asunto! ¡Cómo se atreve a romper su palabra! ¡Por qué se empeña en arruinar tu felicidad! El profesor Mendieta es un buen doctor y un hombre tan amable. ¡Acaso no soporta verte bien!

—Mamá —Teresa dejó a un lado sus carpetas de trabajo con un dolor de cabeza inmenso—. Esta vez, lo que pasó no tuvo absolutamente nada que ver con Nicanor.

—¿Y ahora hasta lo defiendes? —preguntó Dora, sin poder creerlo—. No me digas que tú...

—Mariano estuvo a punto de matarme —soltó Teresa con frialdad—. Así que no es como te lo imaginas. Lo único que hizo Nicanor en todo esto fue sacarme de las puertas de la muerte.

Estaba hecha con una mezcla mejorada de Tencel y modal ultrafino, la cual había pasado por un proceso de lavado con arena y un tratamiento de enzimas biológicas. El tacto, la caída, el brillo y hasta la transpirabilidad eran ampliamente superiores a cualquier seda de alta gama que hubiera utilizado en su vida.

Y lo que era aún más importante: el costo de producción equivalía a una cuarta parte del valor de la seda natural.

Teresa llamó a Rocío Santamaría por teléfono, dejando escapar una rara emoción en su voz. —Rocío, ¿estás libre mañana por la tarde?

Rocío soltó una carcajada del otro lado de la línea. —Por supuesto, me muero de ganas de ver los resultados. Mañana a las tres de la tarde, le diré a mi secretaria que aparte el espacio.

Al día siguiente, a la hora acordada, Teresa se presentó en la oficina de Rocío.

Llevaba consigo una propuesta comercial completa, que incluía los resultados de las pruebas de calidad de la tela, los bocetos y muestras para la confección de las prendas, así como un exhaustivo plan de marketing para el mercado.

Rocío acarició la muestra de tela en sus manos, arrugándola y estirándola un par de veces. Al alzar la vista, en sus ojos se reflejaba un brillo muy analítico. —Estás a punto de acabar con el monopolio del mercado en Santa María.

—Y el costo es casi la mitad del que manejan en las fábricas del viejo Duarte —Teresa señaló con el dedo una de las páginas de su propuesta—. La mezcla consta de un 60% de modal ultrafino, un 30% de Tencel y un 10% de seda pura, además de tres procesos exclusivos de acabado. En pocas palabras, no hay forma de conseguir algo así en el mercado actual. Tiene la calidad y el precio que yo buscaba. Además, el contrato que firmamos nos asegura ser los proveedores exclusivos, lo que significa que esta tela solo se usará para la producción de Comercial Novierra.

Teresa sacó de su maletín los contratos que ya tenía preparados en duplicado y se los acercó. —Es un contrato de renovación a largo plazo. Solo falta tu firma.

Rocío lo firmó sin pensarlo dos veces y, acto seguido, abrazó con fuerza a Teresa. —De verdad, te lo debemos todo a ti.

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