Los ojos de Walter Olmedo estaban llenos de dulzura y alegría.
—¿Se trata de esa película que está por estrenarse?
—¿Cuál película?
—La última que grabaste hace tres años. Vi en las noticias que pronto llegará a los cines.
Silvia bajó la mirada hacia el vaso de agua frente a ella, mientras una avalancha de recuerdos de aquel rodaje pasaba por su mente.
Una habitación lujosa y completamente insonorizada.
Las cámaras apagadas.
Tatiana Yépez la había engañado para entrar ahí, dejándola a merced de un grupo de actores que no estaban actuando.
—Silvia...
La voz de Walter la sacó de sus pensamientos. Al levantar la vista, notó que él ya se había puesto de pie y tenía el rostro muy cerca del suyo, llamándola con evidente preocupación.
—¿Qué pasa?
—Te está sangrando el labio.
Walter tomó una servilleta y le presionó suavemente la comisura de la boca.
El dolor punzante llegó con retraso. Silvia se dio cuenta de que, producto de la extrema tensión, se había mordido a sí misma.
Ella tomó la servilleta y se presionó la herida.
—Lo siento, me mordí sin querer. Lamento haberte preocupado.
Silvia sacó una pequeña esfera de cristal.
—Es un regalo por tu ascenso.
Walter abrió la caja y sostuvo el obsequio con mucho cuidado.
—Es una pieza de cristal muy artística. Me encanta.
***
Eran las nueve de la noche cuando Silvia y Walter salieron del restaurante.
A las nueve y diez, Camilo Jiménez llamó a Facundo Yáñez.
—Facundo, ¿ya viste el video que te mandé?
Facundo movió el ratón de la computadora y abrió el chat de Camilo.
En el video, Silvia y Walter estaban cenando.

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