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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 10

El mundo pareció detenerse en el instante en que las palabras de Omar cayeron sobre la habitación.

Samyra lo miró completamente paralizada, como si su mente se negara a procesar lo que acababa de escuchar. Sus labios se abrieron apenas, pero no salió ningún sonido.

—¿Qué… dijiste? —su voz finalmente emergió, débil, quebrada, como si le costara existir.

Omar dio un paso hacia la cama.

No había ira en su rostro. No había explosión. Era peor. Era esa calma rígida que precede a una decisión ya tomada. Una decepción silenciosa que no pedía explicación.

Samyra sintió ese gesto como un golpe directo al pecho.

—Nayla está aterrada. Apenas puede hablar —dijo él.

El aire en la habitación se volvió pesado.

Demasiado pesado.

Samyra sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Yo no la empujé… —dijo rápidamente, con un hilo de desesperación que no intentó ocultar.

Omar no respondió de inmediato.

—Nassira vio todo —dijo finalmente.

El corazón de Samyra dio un vuelco.

Y por un segundo absurdo, casi quiso reír.

No porque fuera gracioso. Sino porque era tan predecible que dolía.

Claro. Nassira había visto todo.

La única persona que jamás la defendería.

La testigo perfecta. La pieza ideal para convertirla en culpable.

Samyra bajó la mirada lentamente, como si su cuello ya no pudiera sostener su cabeza.

—Claro… —susurró con una risa amarga que no tenía rastro de alegría—. Nassira.

Volvió a levantar la vista.

Sus ojos ya estaban húmedos.

—La misma mujer que me detesta y está intentando sacarme de esa casa.

Omar frunció ligeramente el ceño.

Pero no la contradijo. No la defendió.

No preguntó. Ese silencio fue suficiente.

Porque en ese silencio estaba la decisión.

Ya estaba hecho. No había investigación.

No había duda. Solo una versión aceptada.

Una sentencia disfrazada de conclusión.

Las lágrimas comenzaron a arderle en los ojos, pero aún no caían. Samyra apretó las sábanas con fuerza, como si el tejido fuera lo único que la mantenía unida a la realidad.

—¿Y le creíste? —preguntó al fin, con la voz quebrada.

El silencio volvió.

Y ese silencio respondió por él.

Samyra sintió que algo dentro de su pecho se rompía sin sonido.

—No… —susurró, como si hablara consigo misma—. Ni siquiera dudaste…

Omar apretó la mandíbula. No respondió.

Y eso dolió más que cualquier palabra.

Samyra llevó una mano a su pecho, intentando calmar algo que no era físico.

Pero no había forma de calmarlo. El dolor no estaba en su cuerpo. Estaba en el lugar donde antes existía la certeza de ser importante para alguien.

—Yo también pude morir… —susurró.

Omar guardó silencio otra vez. Pero esta vez algo cambió.

Una mínima tensión en su mirada. Un segundo de vacilación. Una grieta diminuta.

Y Samyra la vio.

Por eso dolió más cuando desapareció.

—Samyra… —dijo él finalmente.

Pero no continuó.

Como si cualquier palabra pudiera romper algo que ya estaba al borde.

Ella soltó una risa suave, rota.

—Es increíble…

Su voz tembló.

—Yo me estaba hundiendo… me estaba ahogando… y aun así crees que lo hice, que esto fue por celos.

Omar frunció el ceño.

—No es eso.

Capítulo: No me acuses a mí 1

Capítulo: No me acuses a mí 2

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