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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 105

Omar irrumpió en el despacho como si lo persiguiera el mismísimo diablo.

La puerta se abrió de golpe.

Las secretarias llegaron detrás de él, intentando detenerlo.

—¡Señor Al-Sabah, no puede entrar así!

—¡Espere!

Pero Omar ya no escuchaba a nadie.

Su mente era un caos.

Su corazón golpeaba con fuerza.

La desesperación había consumido cualquier resto de paciencia.

Al otro lado de la oficina, Fadia Al-Mansoori levantó la vista de unos documentos.

Durante unos segundos observó al hombre que acababa de irrumpir en su despacho.

No parecía el poderoso Omar Al-Sabah que aparecía en las revistas de negocios.

No parecía el empresario frío y calculador que todos conocían.

Parecía un hombre desesperado.

Un hombre que estaba perdiendo algo que jamás creyó perder.

Las secretarias llegaron hasta la puerta.

—Licenciada, lo sentimos mucho...

Fadia levantó una mano.

—Está bien.

Las mujeres se detuvieron.

—Déjennos solos.

Las empleadas intercambiaron miradas y finalmente abandonaron el despacho.

Cuando la puerta se cerró, el silencio se volvió pesado.

Fadia cruzó los brazos.

—Señor Al-Sabah.

Su voz era fría.

—¿Cómo se atreve a entrar así en mi despacho?

Omar apenas pareció escucharla.

Sus ojos estaban inyectados en sangre.

La falta de sueño comenzaba a notarse.

—Renuncie al caso.

Fadia arqueó una ceja.

—¿Perdón?

—Renuncie a representar a mi esposa.

La abogada soltó una breve carcajada.

Omar dio un paso adelante.

—Le pagaré lo que quiera.

—¿Lo que quiera?

—Una fortuna.

—¿Y eso debería impresionarme?

—Diga una cifra.

Fadia lo observó durante unos segundos.

Después comenzó a reír. No una risa amable. No una risa divertida. Una risa cargada de incredulidad.

—¿De verdad cree que estoy aquí por dinero?

Omar apretó los dientes.

—Solo deje de representarla.

—No.

La respuesta fue inmediata. Firme. Inquebrantable.

—No.

Omar sintió cómo la frustración aumentaba.

—Está destruyendo mi matrimonio.

Fadia volvió a reír.

—No.

La sonrisa desapareció lentamente de su rostro.

—Su matrimonio lo destruyó usted.

Aquellas palabras golpearon más fuerte de lo que Omar esperaba.

Por un instante permaneció inmóvil. Después volvió a hablar.

—Yo amo a mi esposa.

—Qué conveniente descubrirlo ahora.

—Siempre la amé.

—Entonces tiene una manera muy extraña de demostrarlo.

El silencio cayó entre ambos.

Omar bajó la mirada. Por primera vez desde que entró al despacho, la rabia comenzó a desaparecer.

Porque sabía que no podía ganar aquella batalla.

No con amenazas. No con dinero. No con poder.

Respiró profundamente.

Y cuando volvió a hablar, su voz sonó diferente. Más humana. Más rota.

—Se lo suplico.

Fadia lo observó.

—¿Qué?

—Se lo suplico.

Aquellas palabras parecían costarle.

—Dígame dónde está.

—No.

—Por favor.

—No.

—Necesito verla.

—No.

—Necesito hablar con ella.

—No.

La paciencia de Fadia comenzaba a agotarse.

—¿Por qué?

—Porque la amo.

—¿La ama?

La abogada soltó una risa amarga.

—¿Y eso es amor para usted?

Omar levantó la vista.

—Sí.

—Entonces tiene un concepto terrible del amor.

Aquello lo hizo retroceder emocionalmente.

Fadia caminó alrededor del escritorio.

—Escúcheme bien, Omar Al-Sabah.

Su voz se volvió dura.

—Usted rompió la única promesa que Samyra le pidió.

Omar bajó la mirada.

—Intentó obligarla a aceptar una segunda esposa.

El dolor apareció en sus ojos.

—Y cuando ella quiso marcharse, utilizó todo su poder para impedirlo.

El silencio se volvió insoportable.

—¿Y ahora viene aquí a decirme que la ama?

Omar cerró los ojos.

—No quise lastimarla.

—Pero lo hizo.

—Jamás fue mi intención.

—Y aun así lo hizo.

Las palabras fueron como cuchillas. Porque eran verdad. No podía discutirlas. No podía negarlas.

Capítulo: Ella no escapó, eligió irse 1

Capítulo: Ella no escapó, eligió irse 2

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