Entrar Via

Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 106

Cuando Omar llegó a la mansión, el sol ya iluminaba Dubái.

Sin embargo, para él todo parecía gris.

Entró por las enormes puertas principales con paso apresurado. No había dormido. No había comido. No había pensado en nada más que en Samyra.

Nueva York. Ella estaba en Nueva York.

Al otro lado del mundo. Lejos de él.

Aquella idea seguía oprimiéndole el pecho.

Apenas cruzó el vestíbulo, encontró a su abuela esperándolo.

La anciana se levantó de inmediato del sofá.

Sus ojos estaban hinchados. Había llorado.

—¡Omar!

Corrió hacia él y lo abrazó.

—Hijo mío...

Pero Omar permaneció inmóvil. No correspondió al abrazo. No tenía fuerzas para hacerlo.

La mujer se apartó ligeramente para mirarlo.

—¿Es verdad? ¿Samyra se fue?

El silencio del hombre fue suficiente respuesta.

La anciana llevó una mano a su pecho.

—¿Cómo pudo hacer esto?

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

—¿Cómo pudo abandonarte así?

Omar cerró los ojos.

Aquellas palabras no le produjeron consuelo.

Al contrario. Le dolieron.

Porque por primera vez comprendía algo que antes se había negado a aceptar.

Samyra no se había ido de la noche a la mañana.

No había tomado aquella decisión impulsivamente. Había soportado demasiado antes de marcharse.

—Abuela...

—¡Qué cruel fue contigo!

—No.

La respuesta salió antes de que pudiera detenerla.

La anciana parpadeó sorprendida.

—¿Qué?

—No fue cruel.

La mujer lo miró sin comprender.

—Pero te dejó.

—Yo la empujé a hacerlo.

El silencio se extendió por la estancia.

La anciana parecía incapaz de creer lo que escuchaba.

Antes de que pudiera responder, una voz grave resonó desde la escalera.

—Por fin dices algo sensato.

Ambos levantaron la vista.

El abuelo descendía lentamente. Su rostro estaba serio. Demasiado serio.

La anciana frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

El hombre llegó al último escalón.

Sus ojos se clavaron en Omar.

—Significa que necesitamos hablar.

La abuela cruzó los brazos.

—Yo también puedo quedarme.

—No.

—Pero...

—Déjanos solos.

Ella abrió la boca. Pero se quedó callada al ver la expresión de su esposo.

Era una mirada que no había visto en mucho tiempo. Una mezcla de decepción y tristeza.

—He dicho que nos dejes solos.

La anciana quedó desconcertada.

Finalmente asintió.

—Está bien.

Lanzó una última mirada preocupada a Omar antes de salir.

Cuando la puerta se cerró, el silencio cayó sobre la enorme sala.

El abuelo observó a su nieto durante varios segundos.

Después negó lentamente con la cabeza.

—Te advertí.

Omar bajó la vista.

—Abuelo...

—Te advertí una y otra vez.

Cada palabra sonaba firme. Pesada.

—Te dije que estabas jugando con fuego.

El anciano se acercó.

—Y aun así seguiste adelante.

Omar apretó los puños.

—No quería perderla.

—Pero hiciste exactamente todo lo necesario para perderla.

Aquellas palabras lo golpearon con fuerza.

—Yo...

—Jugaste a perder a Samyra.

El anciano hizo una pausa.

—Y ganaste.

Los ojos de Omar se llenaron de lágrimas. Por primera vez desde niño parecía vulnerable. Completamente roto.

—No puedo vivir sin ella.

El abuelo soltó una risa amarga. No burlona. Triste.

—El ser humano solo no puede vivir sin Alá.

El anciano señaló su pecho.

—Todo lo demás puede perderse.

La voz de Omar se quebró.

—La amo.

—Lo sé.

—Entonces ayúdame.

—No.

Aquella respuesta lo sorprendió.

—¿Qué?

—No voy a ayudarte a perseguirla.

Omar retrocedió un paso.

—Abuelo...

—Quiero ayudarte a entender.

El anciano suspiró.

—Porque sigues sin comprender qué ocurrió.

Caminó lentamente por la sala.

—Crees que Samyra se fue porque estaba enfadada.

—Lo está.

—No.

—¿No?

—Está herida.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire.

—Y una persona herida puede sanar lejos de quien la lastimó.

Omar sintió una opresión en el pecho.

—Solo necesito explicarle.

—¿Explicarle qué?

El hombre guardó silencio.

—¿Que la amabas?

—Sí.

—Ella ya lo sabía.

Omar quedó inmóvil.

—¿Que sufriste?

—...

—Ella también lo sabía.

El anciano negó con la cabeza.

El anciano respiró profundamente.

—Alá es testigo de ello.

Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.

—Lo único que he querido toda mi vida es verte feliz.

Omar sintió que el corazón se le partía.

—No fue tu culpa. Y tampoco era tu responsabilidad salvar a todo el mundo.

El hombre rompió a llorar.

Años. Años de culpa. Años cargando un peso imposible. Años intentando compensar errores que nunca fueron suyos.

—Ya waladi...

El anciano lo abrazó.

—Suéltalo.

Omar lloró sobre su hombro. Como un niño. Como alguien que llevaba demasiado tiempo sufriendo en silencio.

Finalmente levantó la cabeza.

—Aun así...

Respiró profundamente.

—Tengo que verla.

El abuelo cerró los ojos. Parecía agotado.

Pero finalmente asintió.

—Lo sé.

—Tengo que decirle la verdad.

—Entonces ve.

Omar lo miró.

El anciano sonrió con tristeza.

—Ve.

Se inclinó y besó su frente.

—Porque si eres lo suficientemente inteligente...

Hizo una pausa.

—Comprenderás algo importante.

—¿Qué?

—Que el amor no consiste en retener a alguien.

Omar permaneció inmóvil.

—Consiste en merecer que quiera quedarse.

Aquellas palabras quedaron grabadas en su corazón.

El anciano sonrió.

—Y si Alá tiene otros planes para ustedes, los descubrirás por ti mismo.

Después se alejó lentamente.

Cuando salió al jardín, encontró a su esposa esperando.

La anciana corrió hacia él.

—¿Qué pasó?

—Nada que no debiera haber ocurrido hace años.

Ella lo miró confundida.

—No entiendo.

El anciano tomó su mano.

—Habibi...

Su voz se quebró.

—Hemos cometido errores.

La mujer bajó la mirada.

—Lo sé.

—Y hemos herido a nuestro nieto más de lo que imaginamos.

Las lágrimas aparecieron en los ojos de la anciana.

—Yo solo quería protegerlo.

—Lo sé.

El anciano besó suavemente su frente.

—Pero ahora debemos dejarlo libre.

La mujer comenzó a llorar. Y finalmente asintió.

Tomados de la mano, ambos ancianos se alejaron lentamente.

Con el corazón lleno de tristeza.

Pero también con la esperanza de que, por fin, Omar encontrara el camino de vuelta a su corazón.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perdiste, CEO árabe