Entrar Via

Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 12

Samyra se detuvo de golpe en medio del pasillo.

—¡Ya basta!

Su grito resonó con fuerza por todo el hospital.

Los hombres que la sujetaban se sobresaltaron inmediatamente y aflojaron el agarre sobre sus brazos. Incluso parecieron nerviosos de que alguien pudiera escuchar el escándalo.

Samyra respiraba agitadamente.

La rabia le quemaba el pecho.

—Suéltenme… iré por mi cuenta.

Los hombres se miraron entre sí con incertidumbre. No sabían si debían seguir tratándola como una criminal o recordar que seguía siendo la esposa de Omar.

Finalmente la soltaron.

Samyra sintió ardor donde los dedos de aquellos hombres habían presionado con fuerza. Se masajeó apenas un instante, intentando recuperar algo de dignidad.

—Entonces camina —dijo uno de ellos secamente.

Ella levantó el rostro con orgullo, aunque por dentro estaba destrozada.

Caminó por el largo pasillo blanco sintiendo el corazón cada vez más pesado.

No quería estar ahí. No quería ver a Nayla.

Porque Nayla se había convertido en el símbolo de todas sus pesadillas.

La mujer por la que Omar estaba dispuesto a romper la promesa más importante de su matrimonio.

La mujer por la que todos parecían esperar que Samyra aceptara compartir a su esposo en silencio.

Sus ojos comenzaron a arder.

Pero se negó a llorar. No frente a ellos.

Nunca más.

Finalmente llegaron frente a una habitación privada.

La puerta se abrió lentamente.

Samyra entró. Entonces la vio.

Nayla estaba recostada sobre la cama, luciendo pálida y delicada. La luz suave del hospital hacía que pareciera aún más frágil.

Cuando sus ojos se encontraron con los de Samyra, Nayla abrió los ojos con sorpresa genuina.

—¡Samyra! —exclamó angustiada mientras intentaba incorporarse un poco—. ¿Estás bien?

Samyra sintió un extraño nudo en el pecho. Porque la preocupación en la voz de Nayla parecía real.

Pero antes de que pudiera responder, los tacones de Nassira resonaron detrás de ella.

La mujer entró al cuarto con expresión fría y dominante.

—Hazlo, Samyra.

Samyra giró lentamente hacia ella.

Nassira la observaba con arrogancia, como si ya hubiera ganado aquella batalla.

Luego miró a Nayla y habló con fingida dulzura.

—Samyra ha venido a pedirte disculpas por lo que te hizo.

Los ojos de Nayla se agrandaron reflejando confusión, incomodidad e incluso culpa.

Ella claramente no esperaba aquello.

Samyra apretó los puños con fuerza.

Toda la humillación que había soportado comenzó a hervir dentro de ella.

—Yo no voy a disculparme por nada.

El silencio cayó inmediatamente sobre la habitación.

Nassira frunció el ceño.

—¿Qué dijiste?

Samyra levantó lentamente la mirada.

Ya estaba cansada de callar, de soportar acusaciones. Cansada de que todos la señalaran como la villana.

Respiró profundamente.

—No hice nada malo.

Nayla la observó atentamente.

Incluso los hombres detrás de Samyra parecían tensos.

—Nayla —continuó ella mirándola directamente—, tú sabes perfectamente que yo no te empujé a la piscina. Sabes cómo ocurrieron realmente las cosas.

Nassira dio un paso al frente.

—¡Basta de mentiras!

Pero Samyra ya no pensaba callarse.

Y eso puso nerviosa a Nassira.

—Nayla, no le creas —dijo rápidamente acercándose a ella—. Samyra solo intenta manipularte.

Pero Nayla no respondió enseguida. Sus ojos permanecían sobre Samyra.

Y por primera vez apareció algo peligroso en ellos.

Duda.

Nassira también lo notó.

—Dile la verdad, Nayla —susurró Samyra con la voz rota—. Tú sabes que jamás intentaría lastimarte.

Nayla tragó saliva.

—Yo… recuerdo que ustedes estaban discutiendo…

Nassira palideció.

—Nayla…

—Y recuerdo que Samyra intentaba irse…

El silencio se volvió sofocante. El corazón de Samyra comenzó a latir con fuerza.

Nassira parecía desesperada.

—¡Estás confundida! ¡casi mueres! Fue ella quien te empujó por celos.

Pero Nayla ya no la miraba a ella.

Miraba a Samyra.

—Samyra… —susurró con lágrimas acumulándose en sus ojos—. Yo no recuerdo todo…

La respiración de Samyra se quebró.

Porque notó algo, esa mujer mentía, claro que recordaba, pero no quería enfrentar la ira de Nassira.

Nassira perdió completamente la paciencia.

—¡Basta! —gritó furiosa—. Todo esto está pasando porque ella no acepta que Omar debe tomar una segunda esposa.

Samyra sonrió con amargura.

—Entonces, ¿dices que me empujaste a la piscina para que aceptara que mi esposo tome una segunda esposa? ¿O tal vez querías matarme?

Nassira retrocedió asustada, al sentir la mirada de todos contra ella.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perdiste, CEO árabe