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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 13

—¡¿Cómo te atreves a acusarme?!

La voz de Nassira resonó con fuerza dentro de la habitación del hospital.

Su rostro estaba completamente deformado por la furia. Sus ojos brillaban llenos de odio mientras daba un paso hacia Samyra.

Y entonces alzó la mano. Iba a golpearla.

Samyra ni siquiera retrocedió.

La observó fijamente, con el pecho subiendo y bajando agitadamente. Estaba cansada. Cansada de las humillaciones, de las acusaciones.

Pero justo antes de que la mano de Nassira la alcanzara…

—¡Nassira!

La voz de Omar retumbó como un trueno dentro de la habitación.

Todos se quedaron inmóviles.

Nassira bajó lentamente la mano mientras giraba hacia la puerta.

Omar acababa de entrar, su expresión era oscura, peligrosa.

Sus ojos recorrieron la escena rápidamente: Samyra temblando de rabia, Nassira fuera de control,

los hombres tensos, y Nayla observando todo desde la cama.

Entonces habló nuevamente.

—No te atrevas a tocar a mi esposa.

El corazón de Samyra se estremeció.

Por un segundo quiso odiarse a sí misma por la forma en que esas palabras aún tenían poder sobre ella.

“Mi esposa”

Pero Nassira reaccionó de inmediato.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas mientras corría hacia Omar como si fuera la verdadera víctima.

—¡Hermanito! —sollozó aferrándose a su brazo—. Ella dice que intenté matarla… ¡Lo grita delante de todos para que me odien! ¡Por Allah, defiéndeme!

Samyra puso los ojos en blanco con amargura. Aquello era ridículo.

Nassira siempre hacía lo mismo. Llorar, manipular, victimizarse.

Y todos corrían a consolarla.

Omar frunció el ceño confundido.

—¿Qué está pasando aquí?

Samyra lo miró directamente. Y Omar sintió algo extraño al verla. Había en sus ojos una rabia profunda y contenida que jamás había visto en ella.

—Enviaste a tus amigos a traerme casi a rastras para obligarme a pedir disculpas —dijo ella con la voz temblando de indignación—. Pero no voy a disculparme. Soy inocente. Yo no lancé a Nayla al agua. No hice nada malo.

Los ojos de Omar se abrieron ligeramente.

Pero cuando miró hacia Anur y Mohamed, su expresión cambió por completo. Sus ojos se endurecieron.

Los hombres parecieron tensarse inmediatamente.

—¿Ustedes hicieron eso? —preguntó con una voz peligrosamente calmada.

Anur tragó saliva.

—Ella dañó a la pobre Nayla… solo queríamos que reflexionara.

—Hermano —intervino Nassira rápidamente—, Nayla ha sufrido demasiado en Medina. Tú sabes la vida cruel que tuvo allá. Ahora regresa y vuelve a sufrir agravios por culpa de tu esposa celosa. Debes hacer justicia.

Samyra soltó una pequeña risa amarga.

Entonces levantó lentamente la mirada.

—¿Y por eso me empujaron a la piscina? —preguntó con frialdad—. ¿Para que aceptara a la segunda esposa?

La habitación quedó en silencio.

Nassira la miró llena de rabia.

—¡No inventes cosas!

Pero Samyra ya no iba a detenerse.

Su dolor llevaba demasiado tiempo acumulándose.

—¿Te sentiste poderosa empujando al agua a una pobre coja? —continuó ella—. ¿O esperabas que me ahogara para solucionar todos sus problemas?

Los ojos de Omar cambiaron inmediatamente.

Giró lentamente hacia Nassira.

—¿Empujaste a mi esposa al agua?

Nassira palideció.

—¡Ella miente!

Pero esta vez Omar no respondió enseguida.

Porque algo dentro de él comenzaba a quebrarse.

Miró a Samyra. Ella estaba temblando y había una tristeza devastadora escondida detrás de su rabia.

Capítulo: Defender mi nombre 1

Capítulo: Defender mi nombre 2

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