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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 135

Omar entró lentamente en la habitación.

El olor a medicamentos y desinfectante llenaba el ambiente.

Por un instante se quedó inmóvil junto a la puerta.

No estaba preparado para verla así.

Nassira permanecía acostada en la cama del hospital, con la mirada fija en algún punto del techo.

Tenía una venda cubriendo parte de la frente.

La nariz inmovilizada. La mejilla izquierda amoratada.

Los labios partidos.

Incluso sus manos mostraban pequeños rasguños.

Parecía una persona completamente distinta a la mujer orgullosa, elegante y altiva que siempre había conocido.

Omar sintió un dolor profundo en el pecho.

Era su hermana. Habían discutido innumerables veces.

Ella había cometido errores terribles. Había lastimado a muchas personas.

Pero nada de eso justificaba lo que Mohamed había hecho.

Absolutamente nada. Se acercó en silencio.

Tomó una silla y se sentó junto a la cama.

Nassira sintió su presencia.

Sus ojos se llenaron de lágrimas de inmediato.

Pero fue incapaz de mirarlo. La vergüenza era demasiado grande.

Omar tomó una de sus manos.

—Nassira...

La joven comenzó a llorar.

—No me mires...

—Eres mi hermana.

—No quiero que me veas así.

—No tienes nada de qué avergonzarte.

Nassira soltó una amarga carcajada.

—Claro que sí.

Su voz se quebró.

—Toda mi vida me creí mejor que los demás.

Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.

—Y mírame ahora.

Omar guardó silencio.

—Es mi culpa, ¿verdad?

—No.

—Sí lo es.

Nassira cerró los ojos.

—Todos me lo advirtieron.

—Nassira...

—Tú me lo advertiste.

Su respiración se volvió inestable.

—Los abuelos me lo advirtieron.

—No.

—Incluso Samyra me lo advirtió.

Aquello sorprendió a Omar.

Nassira soltó una sonrisa triste.

—Ella siempre dijo que el amor no debía humillar a nadie.

Las lágrimas continuaban cayendo.

—Y no la escuché.

Omar apretó suavemente su mano.

—Nada justifica que te golpeara.

La joven comenzó a sollozar.

—Siempre tuve miedo.

—¿Miedo de qué?

—De quedarme sola.

Aquellas palabras salieron cargadas de dolor.

—Por eso me aferré a Mohamed.

—Nassira...

—Aunque sabía que no me amaba.

El silencio llenó la habitación.

—Aunque sabía que no era suficiente.

—...

—Aunque sabía que nunca iba a elegirme.

Omar sintió una profunda tristeza.

Porque por primera vez estaba viendo a su hermana sin máscaras.

Sin orgullo. Sin arrogancia. Sin mentiras.

Solo veía a una mujer rota.

—Divórciate.

Nassira levantó lentamente la mirada.

Omar habló con firmeza.

—Divórciate y termina con esto.

—Tengo miedo.

—No perderás nada.

—Lo perderé todo.

—No.

Omar negó con la cabeza.

—Perderás una carga que te está destruyendo.

Nassira volvió a llorar.

—No sé quién soy sin él.

—Entonces es momento de descubrirlo.

La joven lo observó en silencio.

—Eres inteligente. Eres fuerte.

—No lo soy.

—Sí lo eres.

Omar sostuvo su mirada.

—Simplemente lo olvidaste.

Nassira bajó los ojos.

Durante varios segundos no dijo nada.

Luego habló con una voz apenas audible.

—Al final...

Se interrumpió.

—¿Qué sucede?

—Al final la esposa despreciada no fue Samyra.

Omar sintió un nudo en la garganta.

—Nassira...

—Tú sigues amándola.

Aquellas palabras golpearon directamente su corazón.

Reconoció aquella voz de inmediato.

Mohamed. La furia explotó dentro de él.

Antes de darse cuenta, ya estaba caminando hacia él.

Mohamed levantó la cabeza.

Y apenas tuvo tiempo de reaccionar.

Omar lo empujó violentamente contra la pared.

El golpe resonó por todo el pasillo.

—¡Omar!

—¡Te mataré!

Los ojos de Omar estaban llenos de odio.

—¿Cómo pudiste hacerle eso?

Mohamed palideció.

—Yo...

—¡Era tu esposa!

—Escúchame...

—No fue lo que parece.

—¡Le rompiste la nariz!

El hombre bajó la mirada.

—Lo siento.

Omar lo sujetó por el cuello de la camisa.

—No lo sientes.

—Fue una locura.

—¿Una locura?

—Ella intentó dañar al hijo de Nayla.

Omar se quedó inmóvil unos segundos.

—¿Qué?

—Intentó lastimarlo.

—¿Y por eso la golpeaste?

—Perdí el control.

Aquellas palabras terminaron de destruir cualquier compasión que Omar pudiera sentir.

Su puño impactó directamente en el rostro de Mohamed.

El hombre cayó al suelo. sangre brotó de su boca.

—¡Eso no es cierto, Nassira no lo hizo, Nayla es una manipuladora, y tú caíste en su trampa!

Mohamed lo observó aterrado.

—Omar...

—Escúchame bien. Mi hermana va a divorciarse de ti.

—No.

—Sí.

—¡No puede hacerlo!

—Puede y lo hará.

Mohamed comenzó a desesperarse.

—¡Es mi esposa! ¡No puede abandonarme!

—Lo hizo en el momento en que levantaste la mano contra ella.

Mohamed sintió verdadero miedo.

Pero Omar aún no había terminado.

—Y te prometo algo. Voy a asegurarme de que pagues por cada golpe que le diste.

El rostro de Mohamed perdió todo color. Porque comprendió algo aterrador.

Acababa de convertir a Omar Al-Sabah en su enemigo.

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