En Zúrich.
Samyra se encontraba completamente inmersa en sus estudios de posgrado y en el programa experimental que estaba revolucionando la medicina moderna.
Cada semana llegaban pacientes considerados casos perdidos.
Personas que habían agotado todas las opciones.
Pacientes cuyos diagnósticos eran prácticamente una sentencia.
Y, aun así, algunos comenzaban a mejorar.
Algunos recuperaban fuerzas. Otros mostraban avances que meses atrás habrían parecido imposibles.
Por primera vez en mucho tiempo, Samyra sentía que estaba participando en algo extraordinario.
Había esperanza.
Y ella quería formar parte de ella.
Aquella mañana las clases terminaron más temprano de lo habitual.
Los estudiantes comenzaron a dirigirse hacia la plaza central del campus.
Las nuevas evaluaciones serían publicadas.
Como ocurría cada mes, los resultados determinarían quiénes encabezaban la generación.
Samyra caminaba junto a Elise. Sostenía algunos apuntes contra el pecho mientras avanzaba con más lentitud debido a su embarazo.
—Ve despacio —dijo Elise sujetando suavemente su brazo—. No tenemos prisa.
Samyra sonrió.
—Lo sé, pero tengo curiosidad.
—¿Por las notas? Yo porque quiero saber si sigues humillándonos a todos.
Samyra soltó una pequeña risa.
—Exagerada.
—No exagero. Eres aterradora cuando estudias.
Las dos continuaron caminando entre bromas hasta llegar frente a la enorme pantalla electrónica instalada en el centro del campus.
Decenas de estudiantes ya se encontraban reunidos allí.
Algunos comentaban nerviosos.
Otros buscaban desesperadamente sus nombres.
Cuando las calificaciones aparecieron, un murmullo recorrió el lugar.
Samyra levantó la vista. Su nombre ocupaba el primer lugar.
Por un momento permaneció inmóvil.
Luego una sonrisa apareció en sus labios.
No era orgullo. Era satisfacción.
Había trabajado demasiado para llegar hasta allí. Había estudiado durante noches enteras. Había sacrificado tiempo, sueño y comodidad.
Ver aquellos resultados hacía que todo valiera la pena.
Debajo de ella aparecía Phillip.
Después Lara. Y finalmente Elise.
Los cuatro eran considerados los estudiantes más destacados del programa.
—¡Samyra!
Elise prácticamente la abrazó.
—¡Lo lograste otra vez!
Samyra sonrió.
—Tú también estás entre los mejores.
—Pero tú sigues siendo la número uno.
Varias personas comenzaron a felicitarla.
Todo parecía tranquilo. Hasta que una voz interrumpió el momento.
—¿Por qué no decimos la verdad?
El ambiente cambió inmediatamente. Los murmullos cesaron.
Samyra giró la cabeza.
Lara observaba la pantalla con los brazos cruzados.
Su sonrisa era extraña. Forzada.
Llena de resentimiento.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Phillip.
Lara soltó una risa seca.
—Todos aquí saben por qué Samyra está en el primer lugar.
Elise frunció el ceño.
—¿De qué hablas?
—No se hagan los ingenuos.
Algunos estudiantes comenzaron a intercambiar miradas incómodas.
Samyra observó a Lara en silencio.
La conocía lo suficiente para entender lo que estaba ocurriendo.
No era la primera vez que notaba su hostilidad. Los comentarios pasivo-agresivos. Las críticas disfrazadas de bromas. Las miradas cargadas de envidia.
Simplemente aquella mañana había decidido dejar de ocultarlo.
—Lara —dijo Samyra con calma—. Si tienes algo que decir, dilo claramente.
Lara apretó los puños.
—No creo que estés en primer lugar por tu talento.
Un murmullo recorrió al grupo.
—¿Entonces por qué? —preguntó Samyra.
—Porque eres la amante del doctor Duncan.
El silencio fue absoluto. Incluso el viento pareció detenerse.
—¿Qué?
Lara señaló el vientre de Samyra.
—Todos lo pensamos. Ese bebé es suyo.
Algunas personas abrieron los ojos sorprendidas. Otras parecían incómodas.
Samyra sintió una punzada de indignación.
Aquella acusación no solo atacaba su reputación. También atacaba a sus hijos. A su trabajo. A todo lo que había construido.
Durante unos segundos respiró profundamente.
No iba a perder el control. No le daría ese gusto.
—¿Eso es todo? —preguntó finalmente.
Lara parpadeó.
—¿Cómo que eso es todo?
—Pensé que tendrías algo más inteligente.
Varias personas intentaron contener una sonrisa.
—No soy amante de nadie.
Su voz fue firme.
—Y mis hijos no son del doctor Duncan.
Lara abrió la boca para responder.
Pero Samyra continuó.
—El profesor Duncan y yo mantenemos una relación estrictamente profesional.
Luego dio un paso hacia adelante.
—Pero ya que estás tan segura de tus acusaciones...
Lara comenzó a verse incómoda.
—¿Tendrías el valor de repetirlas frente a él?
La sonrisa desapareció del rostro de Lara.
—Yo...
—Porque una cosa es difamar a una compañera.
La voz de Samyra se volvió más dura.
—Y otra muy diferente acusar públicamente a uno de los directivos más importantes del programa.

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