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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 142

—Yo... lo siento, Phillip.

Elise bajó la mirada.

El viento frío de Zúrich agitó suavemente algunos mechones de su cabello mientras intentaba recuperar la compostura.

Las palabras de Duncan seguían resonando en su cabeza.

"Solo fuiste un error en mi vida."

Dolía. Dolía más de lo que quería admitir.

Porque durante años había intentado convencerse de que ya lo había superado.

Que aquella historia pertenecía al pasado.

Que Aníbal Duncan ya no tenía ningún poder sobre sus emociones.

Pero bastaron unas pocas palabras para derrumbar aquella mentira.

—No puedo —continuó con voz suave—. No quiero enamorarme.

Phillip la observó en silencio.

—Elise...

—Ahora mismo solo quiero convertirme en la mejor doctora posible.

Ella apoyó una mano sobre su vientre.

Sus ojos se suavizaron.

—Y quiero ser la mejor madre para mi hija.

Phillip comprendió inmediatamente. Aquello no era un rechazo cruel. No estaba rechazándolo a él.

Estaba protegiéndose. Protegiendo las heridas que aún no habían cicatrizado.

—Lo entiendo.

Elise sonrió con tristeza.

—Gracias.

Luego se alejó.

Cada paso que daba era una lucha.

Porque una parte de ella deseaba creer en las palabras de Phillip.

Deseaba creer que todavía merecía ser amada.

Pero otra parte tenía miedo. Miedo de volver a equivocarse.

Miedo de volver a entregar el corazón y terminar rota otra vez.

Phillip la observó desaparecer entre los edificios del campus.

Y aunque sentía decepción, también sentía algo más.

Determinación. No iba a presionarla. No iba a perseguirla.

Pero tampoco pensaba rendirse.

***

Mientras tanto, Samyra caminaba por los pasillos del instituto médico.

Las palabras de Lara ya habían quedado atrás.

Sin embargo, había algo que seguía molestándola.

No era el ataque contra ella. Era Elise.

La expresión de dolor que había visto en su rostro.

Aquella mirada no pertenecía a alguien que había olvidado.

Cuando llegó al despacho del profesor Duncan, llamó suavemente a la puerta.

—Adelante.

Samyra entró. El despacho era elegante y ordenado.

Como siempre.

Aníbal Duncan estaba sentado detrás de su escritorio revisando varios documentos.

Levantó la vista.

—Toma asiento.

Samyra obedeció.

Durante unos segundos ninguno habló. Finalmente ella rompió el silencio.

—¿Qué fue lo que pasó entre usted y Elise?

Aníbal sonrió ligeramente.

—¿Eso es lo primero que quieres preguntarme?

—Sí.

—¿Ni siquiera tienes curiosidad por saber por qué te llamé?

—Primero quiero saber por qué la trata tan mal.

El profesor dejó la pluma sobre el escritorio. Sus ojos se volvieron más fríos.

—Porque no la conoces realmente.

Samyra frunció el ceño.

—La conozco bastante bien.

—No.

Él negó.

—Conoces la imagen que ella quiere mostrar.

Aquella respuesta no convenció a Samyra.

Durante meses había convivido con Elise. Había visto su bondad. Su esfuerzo. Su dedicación.

—Creo que estamos hablando de personas diferentes.

Aníbal soltó una pequeña risa.

—Eres demasiado buena, Samyra.

—Y usted demasiado duro.

Aquello provocó una sonrisa más sincera en el hombre.

Luego la observó durante unos segundos.

—Por cierto, lo que dijo Lara no me preocupa.

Samyra arqueó una ceja.

—¿Qué parte?

—La parte donde asegura que somos amantes.

Samyra abrió los ojos.

—Profesor...

—Porque cualquiera que me conozca sabe perfectamente que jamás pondría en riesgo tu reputación.

La tensión abandonó parcialmente el ambiente.

Aquella respuesta era mucho más razonable de lo que esperaba.

—Gracias.

—Aunque admito que me molesta otra cosa.

—¿Qué?

—Que alguien piense que tu éxito se debe a otra persona.

Aníbal se reclinó en su silla.

—Todo lo que has conseguido ha sido por mérito propio.

Samyra sintió una sincera gratitud. Aquello sí era algo que podía aceptar.

—Gracias.

—Ahora sí podemos hablar de trabajo.

Ella sonrió.

—Perfecto.

El profesor tomó una carpeta.

—El doctor Mayer consiguió un nuevo benefactor.

—¿Otro?

—No uno cualquiera.

Le entregó los documentos.

—Ha donado doscientos millones de dólares al proyecto.

Samyra casi dejó caer la carpeta.

—¿Doscientos millones?

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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