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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 149

Omar se puso de pie en cuanto vio entrar al hombre.

A pesar de la enfermedad, conservaba la elegancia que siempre lo había caracterizado.

Extendió la mano con una sonrisa cordial.

—Un placer conocerlo, doctor Duncan.

Aníbal Duncan observó aquella mano durante un instante antes de estrecharla.

Su expresión permaneció seria.

—Señor Al-Sabah.

El apretón fue firme. Demasiado firme.

Samyra percibió la tensión de inmediato. Omar también.

Y fue entonces cuando reconoció aquel rostro.

Lo había visto antes. Recordó los rumores. Las acusaciones. Las fotografías manipuladas.

Las mentiras que una vez utilizaron para convencerlo de que Samyra lo había engañado.

En aquel entonces había creído lo peor.

Ahora sabía la verdad. Sabía que Samyra jamás le había sido infiel.

Pero aun así, al mirar a Duncan, una sensación incómoda apareció en su pecho.

No eran celos. No exactamente. Era miedo.

Porque Duncan era un hombre brillante, respetado y exitoso. Y Samyra trabajaba a su lado.

Omar observó de reojo a la mujer.

Ella estaba revisando documentos sin darse cuenta de lo que pasaba.

Su corazón se encogió.

Samyra valía más que cualquier fortuna. Más que cualquier empresa. Más que cualquier imperio.

Y por primera vez comprendió que podía perderla para siempre.

—Señor Al-Sabah —dijo Duncan con profesionalismo—. Bienvenido al Hospital Oncológico Mundial. Le aseguro que está en las mejores manos.

Omar sostuvo su mirada unos segundos.

Después miró a Samyra. Y sonrió.

—Lo sé.

Los ojos de Samyra se alzaron hacia él. Por un instante algo cálido cruzó entre ambos. Pero ninguno dijo nada.

***

Horas más tarde, Omar ya se encontraba instalado en una de las habitaciones privadas del hospital.

La habitación era amplia y elegante.

Pero aun así se sentía encerrado. Nervioso. Asustado.

Mañana comenzaría el tratamiento. Mañana iniciaría una batalla cuya duración desconocía.

Encendió la videollamada. El rostro de Anur apareció en la pantalla.

—¿Cómo estás?

Omar soltó una breve risa.

—Asustado.

—Eso es normal.

Omar bajó la mirada. Luego sonrió débilmente.

—La vi.

—¿A Samyra?

—Sí.

Sus ojos brillaron.

—Está tan hermosa...

Anur sonrió.

—Siempre estuvo hermosa. Pero, ahora es diferente.

Omar se quedó pensativo.

—Parece más fuerte. Más segura. Más brillante. Y eso me asusta.

Anur frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Porque tengo miedo de perderla.

Guardó silencio unos segundos.

—Tengo miedo de que ya no me ame. Tengo miedo de que solo sienta lástima por mí.

Anur negó con la cabeza.

—No digas tonterías.

—Es verdad.

—No.

Anur lo señaló directamente.

—Samyra jamás sentiría lástima por nadie. Ella es compasiva. Es diferente.

Omar escuchó en silencio.

—Y si me preguntas qué creo... Creo que todavía te ama. Un amor como el que ella sintió por ti no desaparece fácilmente.

Aquellas palabras despertaron una pequeña esperanza dentro de Omar. Una esperanza que llevaba tanto tiempo enterrada.

—Está embarazada.

Anur sonrió de inmediato. Ambos rieron.

—Felicidades, hermano.

—Es un niño y una niña...

—¡Eso es una bendición!

Omar asintió emocionado. Luego preguntó:

—¿Cómo van las cosas allá?

La sonrisa de Anur desapareció un poco.

—La primera audiencia será pronto. Parece complicada, pero tenemos todas las pruebas.

Nassira recibirá justicia.

Omar suspiró aliviado.

—¿Y cómo está ella?

—Luchando. Hay días malos. Pero sigue adelante. Es más fuerte de lo que cree.

Omar asintió.

—Me alegra escucharlo.

—Ahora deja de preocuparte por nosotros. Concéntrate en sobrevivir.

Omar sonrió.

—Lo intentaré.

***

Después de terminar la llamada, el silencio volvió a llenar la habitación.

Omar tomó una tablet. Buscó una aplicación.

Y comenzó a leer nombres de bebés. Sonrió al imaginar pequeños rostros.

Pequeñas manos. Pequeñas risas. Sus hijos.

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